Enséñame a ser generoso
Buenos días, amigo/a.
La generosidad es una virtud que
te pone en sintonía con Dios que es todo amor y donación de sí mismo. Cada día puedes
empezar a ser generoso en gestos pequeños. Con la práctica se te irá abriendo
el corazón, descubrirás la alegría de dar y comprobarás, maravillado, que
recibes mucho más de lo que das.
Señor, enséñame a ser generoso, a dar sin calcular, a devolver bien por
mal, a servir sin esperar recompensa, a acercarme al que menos me agrada, a
hacer el bien al que nada puede retribuirme, a amar siempre gratuitamente, a
trabajar sin preocuparme del reposo. Y, al no tener otra cosa que dar, a
donarme en todo y cada vez más a aquel que necesita de mí esperando sólo de ti
la recompensa. O mejor: esperando que tú mismo seas mi recompensa. Amén.
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