Cantemos al Señor
Buenos días, amigo/a
Para empezar este día te ofrezco un breve poema. Te ayudará a dejar en
manos del Señor toda turbación, porque él te anima a abrir el corazón
a su infinito amor. La llave de la paz interior es la confianza en
Dios, “como un niño en los brazos de su madre”. La musicalidad del
himno parece una invitación a reposar en los brazos divinos…
Cantemos al Señor con indecible gozo, él guarde la esperanza de
nuestro corazón,
dejemos la inquietud posar entre sus manos, abramos nuestro espíritu a
su infinito amor.
Dichoso será aquel que siempre en él confía en horas angustiosas de
lucha y de aflicción, confiad en el Señor si andáis atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.
Envíanos, Señor, tu luz esplendorosa si el alma se acongoja en lucha y
aflicción,
qué luz, qué dulce paz en Dios el hombre encuentra; abramos nuestro
espíritu a su infinito amor.
Como las canciones, este poema es para repetirlo varias veces hasta
que poco a poco interiorices los sentimientos que lo impregnan. Tiene
un efecto sedante: ensancha el corazón y descansa la mente… y, si hay
en ti alguna tiniebla, se disipa al entrar la luz del amor infinito.
P. Natalio
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