jueves, 30 de abril de 2015


Gracias, Señor, por el día


Buenos días, amigo/a

San Pablo a los colosenses los animaba a “vivir dando gracias a Dios”. Es apropiado por lo tanto comenzar la jornada ambientándote con sentimientos de gratitud por todos los bienes que recibes del Señor. Aquí tienes un poema que te impulsará a reconocer las bendiciones que Dios te trae con el nuevo día.

Gracias, Señor, por el día, por tu mensaje de amor que nos das en cada flor;
por esta luz de alegría, te doy las gracias, Señor.

Gracias, Señor, por la espina que encontraré en el sendero, donde marcho pregonero
de tu esperanza divina; gracias, por ser compañero.

Gracias por este camino, donde caigo y me levanto, donde te entrego mi canto
mientras marcho peregrino, Señor, a tu monte santo.

La oración de acción de gracias te ayudará a vivir la relación con Dios de una forma concreta y existencial, descubriendo con gozo los dones que te regala a cada paso. Es una oración que ensancha el corazón y descansa la mente; favorece la alegría y la esperanza. Acostúmbrate a practicarla. P. Natalio.

miércoles, 29 de abril de 2015


Tus límites son señales


Buenos días, amigo/a

Nada mejor para amarnos y amar, que aceptarnos y aceptar a los otros, percibiendo con objetividad nuestras limitaciones y las ajenas, nuestras fortalezas y las de los demás. Se genera así un amor tolerante que nos lleva a ser realistas, sin dejar de luchar por mejorar día tras día. Te abres a descubrir nuevas metas y a ver incluso el flanco positivo de tus mismos límites.

Tus limitaciones no son sólo barreras, sino que son también indicaciones de Dios para iluminar tu camino. ¿No hablas bien? ¿Acaso no será señal de que debes sobre todo escuchar? ¿No eres intelectual? ¿Acaso no estarás designado para una acción concreta? ¿Eres tímido? ¿Acaso no deberás recibir a los demás en lugar de imponerte y arrastrar? En la medida en que compruebes, aceptes y ofrezcas tus límites a Dios, descubrirás que tu pobreza se convierte en inmensa riqueza. El humilde auténtico nada teme, ni siquiera a sí mismo, ni sus cualidades, ni sus limitaciones, ni a los demás, ni a las cosas. Teme a Dios.

Aceptarte a ti mismo es ponerte de tu lado, volverte amigo de ti mismo. No se puede comenzar ninguna labor de crecimiento si te rechazas a ti mismo. Aceptarse a sí mismo es negarse a fomentar, conciente o inconcientemente, una relación de confrontación y permanente pelea consigo mismo. Por lo tanto conoce, acepta y ofrece al Señor tus límites. P. Natalio.

martes, 28 de abril de 2015


Una vida sin fin


Buenos días, amigo/a

La vida del cristiano es un confiado caminar hacia la Casa del Padre, y la muerte es la puerta. Junto a ella está esperando Dios Padre para introducirnos en la eterna fiesta de su inmenso corazón. ¿Por qué tememos la muerte? Sencillamente, porque no podemos imaginar lo maravilloso que será vivir junto a Dios. “Nadie vio ni oyó y ni siquiera puede pensar aquello que Dios preparó para los que lo aman (1Cor 2, 9).

San Francisco de Borja, desde los dieciocho años estaba en la corte de Carlos V, y a los veintinueve fue nombrado virrey de Cataluña. Ese mismo año, recibió la misión de conducir los restos mortales de la emperatriz Isabel hasta la sepultura real de Granada. Él la había visto muchas veces rodeada de aduladores y de todas las riquezas de la corte. Al abrir el féretro para reconocer el cuerpo, la cara de la difunta estaba ya en proceso de descomposición. Cuando vio el efecto de la muerte sobre la que había sido la bellísima emperatriz, quedó vivamente impresionado. Comprendió con gran nitidez la caducidad de la vida terrena, y tomó entonces su famosa resolución: «¡Nunca más servir a señor que se me pueda morir!».Y se hizo jesuita.

Todos tememos la muerte, pero, ¡qué distinto es ver la muerte desde la fe en la vida eterna y no desde el vacío de la incredulidad, o desde la frivolidad de una vida mundana! “Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles (Sal. 30). Se nutrirán de lo sabroso de tu Casa, les darás a beber del torrente de tus delicias, (Sal. 35)”.  ¡Qué maravillosa esperanza! P. Natalio.

lunes, 27 de abril de 2015


Purificación de los recuerdos


Buenos días, amigo/a

Hoy te traigo una importante oración. Te ayudará a dejar ese lastre que a veces te traba para avanzar hacia tus metas. Hay recuerdos que siguen hiriéndonos. El Señor desea pacificarte y purificarte de todo lo que te impide correr por el camino de su voluntad. Jesús, Médico divino del cuerpo, la mente y el espíritu, quiere sanarte y liberarte de esas cadenas.

Pasa, Señor, por mi memoria, porque tú la creaste para que recordara tu amor y tus regalos. Despierta los buenos recuerdos, que me motivan a seguir adelante. Quema con tu fuego toda vergüenza y toda angustia que venga de los malos recuerdos. Purifica esos recuerdos, para que ya no me lastimen ni me inquieten. Señor, tú que eres puro amor, tú que perdonabas a los que te crucificaban, quita de mi interior todo el veneno de los recuerdos que me llenan de rencor y de tristeza. Derrama en mi interior el deseo de perdonar y la gracia del perdón. Con tu amor me perdono a mí mismo por mis errores pasados. Quiero mirarme a mí mismo con tu compasión y misericordia. Reina, Señor, en este mundo de mis recuerdos, y pacifícalos con tu presencia luminosa. Amén.

Esta oración del P. Víctor Fernández debe ser rezada lentamente, con todas las repeticiones y énfasis que necesites para interiorizarla, porque además de ser una excelente súplica te ofrece materia de reflexión para alimentar tu mente profunda. Aprovéchala. P. Natalio.

sábado, 25 de abril de 2015


Señor, ven en mi auxilio


Buenos días, amigo/a

Expertos en oración aseguran que no hay un modo tan fácil de encontrarse con Dios como los salmos. Son antiguos cánticos muy aptos para sumergirnos en variados estados de ánimo y ponernos en la presencia de Dios. Aquí tienes una secuencia de fragmentos que te pueden ayudar a recogerte en oración para suplicar y agradecer el auxilio al Señor.

Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio (118). Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua (62). Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale mi pie (120). En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio (62). ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? (115). Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides nunca sus beneficios (102). Toda mi vida te bendeciré, alzaré las manos invocándote y mis labios te alabarán jubilosos (62). Doy gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor, porque eterna su misericordia (117).

El P. Ignacio Larrañaga te da un valioso consejo: “¿Por qué no aprendes de memoria, poco a poco, ciertas estrofas cargadas de riqueza, que te servirán de alimento para cualquier circunstancia?” Comprobarás que unos renglones del salterio bastan para empezar una valiosa oración, haciendo contacto con Dios. P. Natalio.

viernes, 24 de abril de 2015


El herrero y su perro


Buenos días, amigo/a

Aquí tienes notables pensamientos sobre el trabajo, para que valores tu esfuerzo de cada día: 
- Dios ha puesto el trabajo como centinela de la virtud. Hesíodo.
- El aburrimiento ha entrado en el mundo por la puerta de la pereza. La Bruyère.
- Denme un hombre que cante mientras trabaja. Seguro que trabajará más, que trabajará mejor, que trabajará por más tiempo. Tomás Carlyle.

Un herrero tenía un perro pequeño, mimado por su amo y su compañero constante. Mientras él martilleaba sus metales el perro permanecía dormido; pero cuando el herrero iba al almuerzo y se disponía a comer, el perro se despertaba y meneaba la cola, como pidiendo una parte de su comida. Su amo un día, fingiendo estar enojado y golpeándolo suavemente con  su palo, le dijo, ¡Usted pequeño holgazán atrevido! ¿Qué le haré? Mientras martilleo en el yunque, usted duerme en la estera; y cuando comienzo a comer, después de mi duro trabajo, usted se despierta, menea la cola y pide alimento. ¿No sabe usted que el trabajo es fuente de  bendiciones, y que ninguno, sólo aquel que trabaja, tiene derecho a comer?  Quien no trabaja, no come.

- El trabajo nos aparta de nuestros tres males: el aburrimiento, el vicio y la necesidad. Voltaire.
- Trabaja con gusto y acabarás sintiendo gusto por el trabajo. Refrán popular.
- La pereza es negarse a colaborar con Dios en el perfeccionamiento de sí mismo y en el perfeccionamiento del mundo. Michel Quoist. Junto con la sonrisa de la anécdota atesora la sabiduría de las reflexiones de hoy. P. Natalio.

jueves, 23 de abril de 2015


Alegría del corazón


Buenos días, amigo/a

La oración es el clima adecuado para que prosperen y se desarrollen las tres grandes virtudes: fe, esperanza y caridad. Y cuando estas virtudes teologales, que nos relacionan directamente con Dios, se adueñen de tu corazón, te sentirás arraigado también en la paz, la alegría profunda y la fortaleza de ánimo. Aquí te ofrezco un mensaje de la Reina de la Paz.

“¡Queridos hijos! También hoy los invito: oren, oren, oren. Solamente en la oración estarán cerca de mí y de mi Hijo, y se darán cuenta de cuán breve es esta vida. En su corazón nacerá el deseo del Cielo; la alegría reinará en su corazón y la oración fluirá como un río. En sus palabras habrá solamente agradecimiento a Dios por haberlos creado, y el deseo de la santidad llegará a ser realidad en ustedes. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

En las causas de personas propuestas para ser declaradas santas por la Iglesia, se examina, en primer lugar, si se distinguieron por vivir en forma heroica las tres virtudes teologales. Te sugiero, pues, pedir cada día al Señor, con fervor de espíritu, que imprima en tu corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad. P. Natalio.