sábado, 31 de mayo de 2014

Bendice a mi familia


Buenos días, amigo/a.

La oración es la llave que abre los tesoros del cielo. Es el puente siempre accesible por el que llegamos a Dios. El arte de orar es el arte de amar al Señor. Pero orar bien es un regalo de Dios. Por lo tanto, implora que envíe su Espíritu para que llene tu corazón con el fuego de su amor.

Señor, bendice a mi familia, a mis amigos y a sus familias. Revélales tu amor y tu poder. Señor, muéstrate en este momento: que donde haya dolor, nos des paz y consuelo y donde haya duda, tengamos confianza porque creemos en ti. Jesús, visita mi casa y llévate mis problemas, angustias y dolores. Señor, contágiame tu fuerza, para que yo también pueda aceptar la voluntad del Padre. Hoy vengo a ti, lleno de dolor, a llorar mis penas en tus brazos, Recurro a ti para que me libres y destrabes de todos los males que me acechan y me impiden ser feliz. Espero confiadamente en ti. Vivo confiadamente en ti.

La familia que reza unida permanece unida y reproduce el clima de la casa de Nazareth: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de él la esperanza y la fuerza para el camino. Esa oración alcanza su culmen cuando la familia participa de la Misa del domingo. P. Natalio.

viernes, 30 de mayo de 2014

El escarabajo y el picaflor


Buenos días, amigo/a.

En el trabajo, en los grupos humanos, en las luchas políticas y sindicales, en el mundo profesional y artístico la envidia es la yerba más amarga y frondosa de las relaciones humanas. Probablemente, es la causa principal por la que más sufre la gente. Lo que pasa es que ella se disfraza como víbora bajo el follaje de razones y explicaciones.

Cada uno, en este mundo, tiene su modo de ser, sus cualidades y sus defectos. El escarabajo es útil como estercolero, el picaflor es bonito. Pero el escarabajo envidiaba al picaflor, de quien todos ponderaban la gracia y la gentileza, la hermosura y el brillante plumaje. Es un haragán presumido –decía–, incapaz de trabajar; saquea a las flores, pero no sabe hacer miel. Dicen que es bonito; será, pero no piensa sino en lucirse. Yo no soy así –agregaba–,  siempre trabajo calladito, sin tratar de lucirme  Pero  todo el mundo sabe que un escarabajo vale más que un picaflor. Y así lo creía él. (G. Daireaux – adaptación).

Es fundamental convencerme que si quiero ser yo mismo, el único punto de referencia para superarme soy yo. No necesito compararme con nadie más. Lo correcto es conocer mis talentos y habilidades, alegrarme de lo que tengo y cultivarlo. Aceptaré, por otra parte, mis límites y carencias. Piénsalo… y vive en armonía y paz tu propia realidad. P. Natalio.

jueves, 29 de mayo de 2014

Dios, amigo del silencio


Buenos días, amigo/a.

Santo Tomás de Aquino, tan santo como sabio, dejó estos breves consejos a los que anhelan la sabiduría que viene de lo alto: “No hables demasiado, ni te entregues a distracciones. Ama la pureza de conciencia. Entrégate a la oración. Ama la soledad, si quieres llegar un día a la morada de la sabiduría”.   

Necesitamos encontrar a Dios y no lo hallamos en medio del ruido y de la agitación. Dios es amigo del silencio. Miren cómo la naturaleza empuja hacia el silencio. Miren cómo las estrellas, la luna, el sol se mueven en silencio. ¿Nuestra misión no consiste en dar a Dios a los pobres sin techo? No a un Dios muerto, sino a un Dios vivo, que ama. Cuanto más recibimos en el silencio de la oración, tanto más entregaremos en nuestra actividad. Necesitamos el silencio para mover a las personas. Lo importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios nos dice, y lo que dice a través de nosotros.  Teresa de Calcuta,

El cardenal Carlos Martini, arzobispo de Milán, cuyos libros se vendían como pan caliente, escribió: “Aun en la vida cotidiana más afanosa y complicada, estoy seguro que es posible reservarse algunos momentos de silencio, si lo deseamos de verdad, para retomar la conciencia de sí mismo y mirar desde ahí alrededor”. ¡Advertencia muy sabia! P. Natalio.

miércoles, 28 de mayo de 2014

La olla caliente


Buenos días, amigo/a.

Sufrir tentaciones es una situación normal del hombre. Surgen de nuestra naturaleza inclinada al mal, o también del enemigo de Dios o de ese mundo que vive al margen de la ley divina. La tentación es una incitación a pecar. También los santos pasaron por tentaciones. Pero lucharon y triunfaron, porque recurrieron a Dios.

Abba Poimén fue un célebre Padre del desierto. Se conocen de él más de 300 apotegmas. He aquí uno famoso. En cierta ocasión alguien le preguntó al Abba Poimén: —¿Cómo puedo apartar de mí las tentaciones? Él contestó: —Mientras la olla está fría, todo el mundo puede tocarla y romperla; en cambio, cuando está bien caliente sobre el fuego, nadie, ni el animal más feroz, se anima a tocarla. Así pues, mientras tú ardas en amor a Dios, nada ni nadie podrá hacerte daño.

Jesús nos aclara que para vencer las tentaciones necesitamos estar atentos y orar pidiendo fortaleza para no caer en las seducciones del mal. Está claro también que no debes buscarte las ocasiones de fallar porque “el que busca el peligro en él perecerá”. Que Dios te proteja y bendiga. P. Natalio.

martes, 27 de mayo de 2014

El poder de la oración


Buenos días, amigo/a.

“La oración me salvó la vida. Sin ella estaría loco hace ya mucho tiempo. Si conseguí salvarme de la desesperación fue gracias a la oración”, dijo Mahatma Gandhi. “Sólo por la oración podemos alcanzar la completa y armoniosa unificación del cuerpo, mente y espíritu, que le da a la frágil constitución humana su fortaleza invencible”, escribió Alexis Carrel. .

William Parker, el psicólogo que se empeñó en demostrar, desde el punto de vista científico, la eficacia de la oración, llegó a esta conclusión: “La oración es el medio más importante para reconstruir y rehabilitar a un hombre”. Como resultado de sus experiencias, dio a luz un libro que demuestra que “la oración puede cambiar tu vida en cualquier momento y en cualquier situación te halles y en cualquier edad”.

La experiencia y la Biblia nos aseguran que vivimos en medio de influencias tanto negativas como positivas. Existe el instigador del mal, existen los que se dejan poseer por el odio y la perversidad. Y estas malas ondas buscan envolvernos en sus redes. Pero hay una fuerza poderosa que te protege: la oración humilde y confiada en Dios. Aprovéchala. P. Natalio.

lunes, 26 de mayo de 2014

Dios mío, qué grande eres


Buenos días, amigo/a.

La naturaleza ayuda a entrar en sí mismo. Se trata de sentir y admirar lo que se va presentando a los sentidos: formas, colores, perfumes, sonidos… déjate envolver por el viento, el sol, el paisaje; pisa la arena, moja los pies en el arroyo… Es un camino fácil para llegar al recogimiento, percibir la presencia de Dios y entrar en comunicación filial con él.

¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto (104). Proclamad conmigo la grandeza del Señor, bendigamos juntos su nombre (34). Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? (8). El Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses: tiene en su mano las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes; suyo es el mar, porque él lo hizo, la tierra firme que modelaron sus manos (95). Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra (8).

La naturaleza tiene una fuerza extraordinaria. Es una gran maestra de oración. En medio de la naturaleza admira la belleza de una flor, observa los colores de una piedra, quédate apreciando la forma de un árbol o los movimientos de un insecto. Hay salmos que prestarán palabras a tus sentimientos (104  y 8), y volverás renovado y más sereno. P. Natalio.


domingo, 25 de mayo de 2014

Sé indulgente


Buenos días, amigo/a.

Para amar como Jesús nos enseñó, debemos aprender a ser indulgentes, que es  “tener   facilidad en perdonar las culpas ajenas”, como dice el diccionario. Es la disponibilidad y capacidad para perdonar las debilidades de nuestros prójimos una y otra vez, como le respondió Jesús a Pedro: “No siete, sino setenta veces siete debes perdonar”.

¡Qué fácilmente creemos que nos faltan nuestros prójimos, que no nos estiman, que no nos quieren! Basta ver el rostro de un amigo un poco más sombrío que de costumbre para persuadirnos de su indiferencia o de su frialdad. Sé indulgente. Olvida las pequeñas penas que te hayan podido causar; no conserves ningún resentimiento por las palabras inconsideradas o desfavorables que se han dicho contra ti; excusa los descuidos, las ligerezas de las cuales eres víctima. Muestra un semblante amable en todas las ocasiones. De esta manera estarás en paz con tu prójimo y practicarás de modo excelente la caridad cristiana, que es imposible practicar sin una indulgencia en todos los instantes.

Ser indulgentes siempre no es fácil. En verdad está por encima de nuestra capacidad humana. Por eso es indispensable suplicar con humildad y constancia al Señor el don de la caridad para poder elevarnos sobre nuestros egoísmos y susceptibilidades… Pero cuando el amor de Dios nos invade podemos “perdonar y soportar sin límites”. P. Natalio.