martes, 1 de noviembre de 2011


Te di tan poco


Buenos días, amigo/a.

La humildad consiste en reconocer que Dios es el autor de todo bien.
De él proviene todo cuanto tenemos y somos. Y también cuanto tiene y
es nuestro prójimo. Por eso no cabe el sentido competitivo de la vida,
que está en el fondo de la actitud soberbia y envidiosa. El que quiere
sobresalir no busca alcanzar una meta, sino crear distancia respecto
de los otros.

¡Te di tan poco, Señor Jesús, pero Tú hiciste de eso algo tan grande!
¡Soy tan poca cosa ante Ti, y me tornaste tan rico! No conseguí darte
todo lo que hubiese deseado, ni logré amarte como yo quería y soñaba.
Te di tan poco, de verdad, tan poco, y con tan poco entusiasmo y
alegría. Sin embargo, Tú sabes que en ese “poco” yo quise poner todo
mi corazón. Tú ves el fondo de mí mismo, con mi deseo de darte mucho
más. Como transformas mi pobreza en riqueza, y mi vacío en plenitud,
toma mi don tal como es, toma también todo lo que él no es a fin de
que en mí haya entrega total, con mi propia miseria, y sea todo de
nuevo recreado por el poder soberano de tu amor. Amén.

Ubicarse ante Dios significa ser conscientes de nuestra pequeñez,
porque “El Señor es grande, tiene en su mano los abismos de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes, suyo es el mar, porque él lo
hizo, la tierra firme que modelaron sus manos”. Con razón antes de
hablar a Dios, Abrahán le pedía perdón porque se sentía “polvo y
ceniza”. P. Natalio.

lunes, 31 de octubre de 2011

Tú conoces mis límites


Buenos días, amigo/a.

La lepra es una imagen del desastre que produce el pecado en el interior del hombre. A los leprosos se los aislaba porque eran contagiosos. A los pecadores no los podríamos aislar, porque todos somos pecadores. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”, enseña san Juan (1Jn 1,8).

Padre, tú conoces mi corazón y conoces las heridas de mi historia. Tú conoces todo lo que he querido hacer y no he hecho. Conoces también lo que hice o me hicieron lastimándome. Tú conoces mis limitaciones, errores y mi pecado. Conoces los traumas y complejos de mi vida. Hoy, Padre, te pido que por el amor que le tienes a tu Hijo Jesucristo, derrames tu Santo Espíritu sobre mí, para que el calor de tu amor sanador, penetre en lo más íntimo de mi corazón. Amén.

La realidad del pecado es inseparable de la experiencia humana. Pero, por otra parte, la realidad del perdón es inseparable de Dios. Por eso, no hay ninguna situación de pecado que no se pueda cambiar y que no nos permita reencontrar la paz. Nunca Dios le quita al hombre la posibilidad de ser feliz. (AC). Aprovecha el amor sanador del Padre. P. Natalio.

domingo, 30 de octubre de 2011

La rana y el mar


Buenos días, amigo/a

En tu vida se van dando posibilidades de cambiar para bien. Conviene que te detengas, evalúes con precaución las ventajas, y tomes decisiones sabias y prudentes, porque ésa es la forma normal de progresar. No caigas en el error de desechar todo cambio por principio; ni tampoco en el otro extremo, de creer que toda novedad es mejor. Fábula sobre el tema.

He aquí una rana que había vivido siempre en un mísero y estrecho pozo, donde había nacido y habría de morir. Pasó cerca de allí otra rana que había vivido siempre junto al mar. Tropezó y se cayó en el pozo. —¿De dónde vienes? –preguntó la rana del pozo. —Del mar. —¿Es grande el mar? —Extraordinariamente grande, inmenso. La rana del pozo se quedó unos momentos pensativa y luego preguntó: —¿Es el mar tan grande como mi pozo? —¿Cómo puedes comparar tu pozo con el mar? Te digo que el mar es muy grande, descomunal. Pero la rana del pozo, fuera de sí por la ira, gritó: —Mentira, no puede haber nada más grande que mi pozo; ¡nada! ¡Eres una mentirosa y ahora mismo te echaré de aquí.


Con frecuencia Dios, por sus profetas, invitó a Israel a revisar su estilo de vida para hacer los necesarios reajustes que exigía la alianza solemnemente pactada. La Palabra de Dios sigue invitándonos a cambiar para bien, y nos motiva con sabiduría a dar pasos de crecimiento espiritual. Ábrete a su mensaje y aprovecha su fuerza renovadora. P. Natalio.

sábado, 29 de octubre de 2011

Cómo salvar el matrimonio


Buenos días, amigo/a.

Si consideramos un poco las causas de los problemas matrimoniales que sacuden a tantas familias, vemos que el desconocimiento del valor de la persona humana, la falta de un diálogo profundo, el no saber perdonar, el no tener tiempo para convivir y el ambiente de inmoralidad reinante, resquebrajan trágicamente la vida matrimonial.

Empieza a olvidar los malos momentos del pasado; a perdonar y a querer más a tu cónyuge; a valorar más las virtudes y cualidades que tiene; a no desperdiciar momentos para estar más cerca de tu ser amado y convivir con él; a participar de sus sufrimientos e ideales, de sus preocupaciones y triunfos, de sus alegrías y de sus tristezas; a reír juntos; a llorar juntos; a vivir en verdad siendo un solo ser. Ama y cuida tu matrimonio. Juntos arrodíllense, oren al Señor, las manos juntas, imploren al Señor que entre en sus vidas, que sea él quien conduzca su matrimonio, quien los mantenga unidos hasta el final. ¡Hasta que la muerte los separe!

Ánimo, comienza a sembrar una manera nueva de amarse y convivir como en tus mejores tiempos. Proponte dialogar más, estar más tiempo juntos, escucharse más. Aplica el gran remedio de la ternura y la comprensión. Todo sacrificio vale la pena para salvar el matrimonio del divorcio, la soledad, el caos del hogar. (Anónimo). P. Natalio.

viernes, 28 de octubre de 2011

Es completamente gratis


Buenos días, amigo/a.


El sacramento de la confesión puede ser una experiencia liberadora que ayuda a crecer y a vivir mejor. Sin embargo, a veces no la vivimos con intensidad. Otras veces la sentimos como una molestia necesaria, o como un ejercicio de rutina. Bien preparada y recibida con frecuencia, la confesión ayuda a conocerse mejor.

Un hombre fue a confesarse con Don Bosco. —Mi última confesión fue hace diez años, dijo al comenzar. Don Bosco lo interrumpe: —Esto sale 200 liras. El señor extrañado replica:—¿Cómo? ¡Siempre pensaba que no se necesitaba pagar nada para confesarse! —¿Eso lo sabías? ¿Y sin embargo no viniste durante tanto tiempo?, le dijo suavemente y con humor el santo confesor.

La confesión tranquiliza la conciencia, consuela el corazón, ayuda a superar la fuerza del mal y del pecado en nosotros, es una respuesta coherente al llamado a la conversión que nos hace la Palabra de Dios y es ocasión para experimentar su amor misericordioso. Anímate a recibirla, al menos una vez al año, durante el tiempo pascual. P. Natalio

jueves, 27 de octubre de 2011

Padre de bondad


Buenos días, amigo/a.


Una vez se hizo una encuesta entre lectores de la Biblia de distintos credos. La pregunta era: “¿Cuál es el pensamiento que más te ha impresionado al leer las santas Escrituras?” Ganó por muchos votos el pasaje de Juan 3, 16:”Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga Vida eterna”.


Padre de bondad, Padre de amor, te bendigo, te alabo y te doy gracias porque por amor nos diste a Jesús. Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu comprendemos que El es la luz, la verdad y el buen pastor, que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Hoy, Padre, me quiero presentar delante de tí, como tu hijo. Tú me conoces por mi nombre. Pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida. Amén.


Abrahán Lincoln dijo: “Todavía concibo que se pueda ser ateo mirando la tierra; pero no comprendo que se puedan alzar, de noche, los ojos al cielo y decir que no existe Dios”. La naturaleza manifiesta la bondad, sabiduría y poder de Dios: tanto los astros del cielo como la belleza de un rosal hablan de un Dios maravilloso creador de cuanto existe. P. Natalio.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El santo de la alegría


Buenos días, amigo/a.


El sentido del humor es una herramienta básica para la sobrevivencia: rompe la tensión en un momento de crisis, ayuda a encarar situaciones estresantes, disipa las preocupaciones... Cuando rías, se te aliviarán las cargas. Que el Señor te ayude a defender y cultivar con acciones concretas el don de la alegría.


Donde quiera que san Felipe Neri llegaba, se formaba un ambiente de fiesta y buen humor. Las gentes se reían de buena gana. A algunos muy serios les parecía que él debería ser un poco más mesurado y solemne. Por eso a veces se le llamaba “el bufón de Dios”. Tuvo siempre el don de la alegría. A él se le atribuye la frase: «Tristeza y melancolía, fuera de la casa mía». Un día, una señora rica se presentó delante de Felipe Neri calzada con un par de zapatos bastante elevados. Cuando le preguntó a Felipe tímidamente, temiendo una condena o una crítica, si podía andar así de engalanada, el santo se limitó a decir: «Cuide sólo de no caerse». Y en aquel “caerse” la interlocutora entendió todo un discurso.


¿Qué puedes hacer para mantener el nivel de tu alegría? Primero, pedirla: “Derrama, Señor, sobre mí tu Espíritu para que me sienta inundado de interior alegría”. Luego, defenderla: vigilar para que la tristeza no se infiltre insensiblemente en tu corazón. Y además, cultivarla, por ejemplo, alegrando a los demás, contándoles una anécdota graciosa, etc. P. Natalio.