martes, 9 de noviembre de 2010

Hoy… cada día

Buenos días, amigo/a
“Viviré este día como si fuese el último día de mi vida. No perderé ni
un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, las
derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer. Olvidándome del ayer, no
pensaré tampoco en el mañana. ¿Debo preocuparme de situaciones que
quizá nunca contemple? ¡No! El mañana yace sepultado con el ayer, y no
pensaré más en él” (sigue).

Cada día hagamos algo de lo que podamos sentirnos orgullosos al día
siguiente. Cada día, pensemos que es el primero, para vivirlo con
sorpresa; y el último, para aprovecharlo como nuestra última
oportunidad. Cada día, busquemos nuestra felicidad haciendo más feliz
a alguien que está a nuestro lado. Sembremos una semilla de cuyos
frutos podamos vivir mañana. Renovemos nuestro corazón de tal manera
que no quede amargura alguna para el día que vendrá. Y no guardemos
nuestras sonrisas de hoy para mañana. Sólo podremos sonreír mañana, si
hemos sonreído hoy.

“Este día es todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad.
Saludo este amanecer con gozo, como un preso a quien se le conmuta la
sentencia de muerte. Elevo mis brazos con gratitud por el don
inapreciable de un nuevo día. Trataré con ternura y afecto cada hora
porque sé que no retornará jamás. Haré de este día el mejor día de mi
vida”, (Og Mandino). Tienes hoy a la vista un material precioso para
reflexionar. Aprovéchalo. Y toma tus decisiones. P. Natalio.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Cultiva la paciencia
Las buenas relaciones humanas en el hogar y fuera del hogar necesitan
un clima de aceptación mutua, de comprensión y compasión, y en
especial de paciencia. Es una faceta del amor. San Pablo en el
magnífico himno al amor en 1ª Corintios 13, dice que “el amor es
paciente”. La paciencia es difícil. Aquí tienes una anécdota para
motivarte a cultivar esta indispensable virtud.

Había un muchacho que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una
bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia,
debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el
muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Y a medida que aprendía
a controlar su genio, añadía cada vez menos clavos en la puerta.
Descubría que era más fácil controlar sus arrebatos que fijar clavos
en la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante
todo el día. Entonces el padre, le sugirió que retirara un clavo cada
día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven
pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos en la
puerta. Su padre lo felicitó, lo tomó de la mano y lo llevó hasta la
puerta. Le dijo: "Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos
hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tu pierdes
la paciencia, dejas cicatrices como las que aquí ves".

¿No has comprobado que una palabra dura dicha en un acceso de ira te
trajo semanas de amargura? Un refrán tibetano afirma: “la paciencia en
un momento de enojo te evitará cien días de dolor”. Por la mañana
pídele al Señor toda la paciencia que necesites. Dile “Concédeme hoy
fortaleza, paciencia y serenidad. Que nada ni nadie me perturbe”. Que
así sea. P. Natalio.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Con serenidad


Buenos días, amigo/a.

Al empezar este día te ofrezco un breve poema. Te ayudará a dejar en
manos del Señor toda turbación, porque él te anima a abrir el corazón
a su infinito amor. La llave de la paz interior es la confianza en
Dios, “como un niño en los brazos de su madre”. La musicalidad del
himno parece una invitación a reposar en los brazos divinos…

Cantemos al Señor con indecible gozo,
él guarde la esperanza de nuestro corazón,
dejemos la inquietud posar entre sus manos,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Dichoso será aquel que siempre en él confía
En horas angustiosas de lucha y de aflicción,
confiad en el Señor si andáis atribulados,
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Envíanos, Señor, tu luz esplendorosa
si el alma se acongoja en noche y turbación,
qué luz, qué dulce paz en Dios el hombre encuentra;
abramos nuestro espíritu a su infinito amor.

Como las canciones, este poema es para repetirlo varias veces hasta
que poco a poco interiorices los sentimientos que lo impregnan. Tiene
un efecto sedante: ensancha el corazón y descansa la mente… y, si hay
en ti alguna tiniebla, se disipa al entrar la luz del amor infinito.
P. Natalio

sábado, 6 de noviembre de 2010

Con los pies sobre la tierra


Buenos días, amigo/a

Michel Quoist en “Triunfo” afirma: «Hay quienes “no tienen los pies
sobre la tierra”, sencillamente vuelan. Vuelas, cuando consideras tus
sueños como realidad; cuando pasas el tiempo concibiendo planes que
jamás realizas; cuando no te adaptas a las personas y a las cosas.
Soñar tu vida no es vivirla». Aquí tienes un cuento de uno que vive
en sus fantasías.

Estaba un paisano sentado al mostrador del boliche tomando una caña,
cuando entró otro paisano y le pidió al patrón que le preparara un
sándwich de cocodrilo. El bolichero le dijo que no tenía y el paisano
se fue.
Asombrado el que estaba tomando la caña, preguntó al patrón:
—Perdone, ¿escuché mal o ese paisano está loco?
—Y claro que está loco –contestó el bolichero–. ¡Mire si voy a empezar
un cocodrilo solamente para él!

Un signo de madurez es aceptar la realidad y poseer suficiente solidez
y equilibrio para vivirla. La persona madura es objetiva: sabe
valorarse a sí mismo sin dejar de valorar a los demás. Es capaz de
tomar una decisión y sostenerla. Madurez es el arte de vivir en paz
con lo que no se puede cambiar. Ejercítate en la sabiduría de “poner
siempre los pies sobre la tierra”. P. Natalio.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Oración de agradecimiento

Buenos días, amigo/a
Recuerda este mensaje de María, Reina de la Paz: “Mi querido hijo: ora
para que tu vida esté llena de una gozosa acción de gracias que brote
desde tu corazón, como un río de alegría. Da incesantemente gracias a
Dios por todo lo que posees, por cada pequeño don que Dios te concede.
De esa forma, la bendición gozosa de Dios descenderá siempre sobre tu
vida”.

Gracias, Dios mío. No quiero olvidar tus beneficios. Quisiera que mi
interior se llenara de gratitud para cantarte. Gracias, Señor, ante
todo por la vida. Gracias por todos los días de mi existencia. Gracias
por las personas que me amaron y que fueron amables conmigo alguna
vez. Gracias porque me has alimentado, me has acompañado, me has
ofrecido tu consuelo y tu amistad. Gracias porque soy tu hijo. Gracias
porque puedo hacer el bien, porque siempre puedo volver a empezar.
Gracias por el aire que respiro, por la música, por la tierra, por los
árboles, por las calles. Gracias a ti, mi Señor amado, porque todo lo
bueno viene de ti. Amén. (P. Víctor Fernández).

San Pablo exhortaba a los cristianos de Colosas a “vivir dando gracias
a Dios”. Ejercítate y verás que te ayuda a vivir la relación con Dios
de una forma concreta y existencial, descubriendo con gozo los dones
que te regala a cada paso. Es una oración que ensancha el corazón y
descansa la mente. Acostúmbrate a practicarla. P. Natalio.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Aceptar en paz


Buenos días, amigo/a

Para la persona de fe, todo sucede porque lo quiere o lo permite Dios.
Y él es experto en sacar bien del mal. Imagínate el río de bendiciones
que bajó del Calvario donde murió Jesús en la cruz. También él tiene
proyectos de salvación para cada una de tus contradicciones aceptadas
en paz.

Un profesor de química al mismo tiempo que hacía experimentos solía
dejar enseñanzas inolvidables. Una vez tenía en la mano una botella de
leche, y a propósito la dejó caer en la batea del agua. Quedaron los
vidrios y toda la leche se escurrió por el desagüe. “La leche está
perdida, dijo. No podemos rescatarla más. Seamos más cuidadosos y no
lloremos nunca por la leche derramada”.

Hay una oración muy buena para rezar si nos suceden esas cosas
desagradables que no tienen más solución: “Señor, concédeme fortaleza
para solucionar lo que tiene solución; pero, valor para aceptar lo que
ya no tiene solución; y sabiduría para reconocer la diferencia”. Es
una sabia lección que se resume así: “Aceptar, olvidar, y seguir
adelante”. P. Natalio.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Paz, esperanza y gozo


Buenos días, amigo/a

“Nosotros los creyentes, cuando rezamos por nuestros muertos, nos
reencontramos con ellos en una misteriosa comunión de fe, esperanza y
amor. Ellos han transpuesto ya la frontera del tiempo y entrado en el
ámbito de la eternidad, propio de Dios. Pero aunque hayan dejado de
existir para nuestro mundo físico, siguen viviendo, con todo, en el
mismo mundo espiritual en que vivimos nosotros.

Siempre que hacemos oración por ellos, los encontramos dentro del
infinito abrazo con que estrecha Dios a cuantos lo aman. He aquí el
motivo de por qué, quienes nos hemos abierto por la fe a un sentido
cristiano de la muerte, no nos dejamos abatir por el pesimismo o la
desesperación. Desde luego, cuando se produce el deceso de algún ser
querido, los creyentes experimentamos, como cualquier ser humano, un
profundo dolor. Nuestro corazón puede derramar lágrimas de sangre.
Nuestra sensibilidad puede haber quedado destrozada. Pero en la zona
más secreta del alma, la fe nos hace vivir una experiencia de paz,
esperanza y gozo.

Paz, esperanza y gozo que surgen de saber con seguridad que ellos,
nuestros muertos, viven. No podemos precisar cómo ni dónde, pero
sabemos que viven. Así como sabemos que un día nos volveremos a
encontrar definitivamente con ellos, para compartir en plenitud la
existencia trascendente que ellos ya viven”. (H. Valla). Que Cristo,
“resurrección y vida”, aliente tu esperanza. P. Natalio.