jueves, 9 de abril de 2015


Salir de uno mismo


Buenos días, amigo/a

Te ofrezco hoy, Jueves Santo, día de Jesús, humilde servidor, una reflexión sobre la importancia de salir al encuentro de los demás. “Si el grano de arena no forma duna, se lo lleva el viento. Si la gota de agua no se confunde con el torrente, la evapora el calor. Si tú no te unes a la comunidad, viviendo en ella y para ella, fácilmente te puedes perder”, (Alfonso Milagro).

Partir es, ante todo, salir de uno mismo, romper la coraza de egoísmo que intenta aprisionarnos en nuestro propio “yo”. Partir es dejar de dar vueltas alrededor de uno mismo, como si ése fuera el centro del mundo y de la vida. Partir es no dejarse encerrar en el círculo de los problemas del pequeño mundo al que pertenecemos, cualquiera sea su importancia. La humanidad es más grande, y es a ella a quien debemos servir. Partir no es devorar kilómetros, atravesar los mares o alcanzar velocidades supersónicas. Es, ante todo, abrirse a los otros, descubrirlos, ir a su encuentro; abrirse a otras ideas, incluso a las que se oponen a las nuestras. Es tener el aire de un buen caminante. (Mons. Helder Cámara).

“Hazme comprender, Señor, que fui creado no como un ser acabado y encerrado sino como en tensión y movimiento hacia los demás; que debo participar de la riqueza de los demás y dejar que los demás participen de mi riqueza; y que encerrarse es muerte y abrirse es vida, libertad, madurez”.  Busca hoy ocasiones de trabar un fructuoso diálogo con tus semejantes. P. Natalio.

miércoles, 8 de abril de 2015


Cambio de domicilio


Buenos días, amigo/a

Cultiva una actitud mental positiva. No juzgues nunca el día por el clima. Protégete de los mensajes negativos. Enumera tus bendiciones y agradécelas a Dios. No pierdas nunca tu admiración por la belleza del universo. Te presento una persona que cada mañana toma una excelente decisión:

La pequeña y bien perfumada anciana de 78 años, con su cabello arreglado a la perfección, se muda hoy a un asilo. Recientemente ha fallecido su esposo a los 80. Después de esperar con paciencia en el recibidor del nuevo asilo, sonrió con dulzura, cuando se le dijo que su cuarto estaba listo. Mientras se desplazaba en andador hacia el ascensor, le describieron los detalles de su pequeño cuarto, incluyendo las cortinas que colgaban de la ventana. "Me encanta", afirmó con entusiasmo. "Sra. Páez, no ha visto el cuarto, espere". "Eso no importa", respondió. “La felicidad es una decisión que tomo cada mañana, cuando me levanto. Puedo elegir: pasar el día en la cama, repasando las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las que sí funcionan". "Cada día es un regalo, y mientras se abran mis ojos pensaré en el nuevo día y en los recuerdos felices que alegran mi vida”.

Aquello que te dices a ti mismo afecta radicalmente la calidad de tu vida y tu habilidad para hacer cosas efectivamente. Eres lo que piensas. Si tu discurso interior es negativo, serás pesimista y trabado en todo. Por el contrario, si tu conversación interior es positiva, serás dinámico, entusiasta, decidido. Está alerta, vigílate,  y desecha todo lo perjudicial. P. Natalio.

martes, 7 de abril de 2015

Para dinamizarte


Buenos días, amigo/a

Hoy además de una oración del P. Víctor Fernández, te ofrezco unas consignas de Og Mandino para animarte a llenar fructuosamente cada  jornada: “Saludaré con gozo y agradecimiento el don inapreciable de este nuevo día. Trataré con ternura cada hora porque sé que no retornará jamás. Eludiré con ahínco todo aquello que mata el tiempo. No escucharé a labios ociosos, ni me quedaré donde hay manos inactivas”.

Señor, coloca en mi interior el anhelo de ser fecundo, de ser útil, el sueño de producir algo bueno para los demás. Sana toda pereza, todo desánimo, toda indiferencia, para que no te ofenda con pecados de omisión. Todo lo que me diste es para que lo comunique y lo haga fructificar. Que pueda levantarme cada mañana con muchos deseos de hacer el bien a los hermanos. Ayúdame a descubrir mejor mis talentos, para gastar bien mis energías y dejarle a este mundo algo bello y verdadero. Arranca de mi interior todo egoísmo, toda indiferencia y toda comodidad, para que entregue mis energías y las libere en el servicio y el trabajo. Amén.

“A la indecisión la destruiré con la acción. Sepultaré las dudas bajo la fe. No perderé un momento en lamentar las desgracias, derrotas y sufrimientos del ayer. Haré de este día el mejor de mi vida. Los deberes de hoy los cumpliré hoy. Hoy me sacrificaré y me consagraré al trabajo. Hoy tengo la oportunidad de convertirme en el hombre que yo sé que puedo ser”. P. Natalio.

lunes, 6 de abril de 2015


Penicilina al bautizado


Buenos días, amigo/a

En la Biblia se da mucha importancia al nombre de las personas: en cierta manera indica su naturaleza y su misión. Jesús dice al Padre que él había «manifestado su nombre a los hombres» (Jn. 17:6), es decir, su misma naturaleza divina. El cambio de nombre significa que la  persona adquiere nuevas capacidades para una nueva misión. Por ejemplo: Jesús pone a Simón el nombre de Pedro: le da firmeza como para ser fundamento de la Iglesia

Un padre misionero que llegó al pueblito, se dedicaba no sólo a cuidar la salud espiritual de los fieles sino también la salud física. Una tarde un paisano llegó del campo para hacer bautizar a su hijita. —Mire, padrecito, ando con ganas de cristianar a mi niñita. —Cómo no, mi amigo, para eso estamos. Al empezar la celebración el sacerdote vio una infección en el bracito de la nena y pensando que era necesaria una curación inmediata, dijo al paisano: —Mire, señor, a esta chica hay que ponerle penicilina. A lo que el paisano un poco enojado le respondió: —No, no, no, usted a mi hija le pone “Ruperta”, o ya mismo la llevo a otro cura.

Lo del cambio del nombre es tan notable en la Biblia, que un día todos los que entren triunfantes en la Jerusalén celestial recibirán un nombre nuevo, adecuado a los redimidos del Señor (Ap. 3:12). Alabemos a Jesús, que significa “salvador”, porque para eso nació para salvarnos del pecado y de la muerte eterna. P. Natalio.

viernes, 3 de abril de 2015

Viernes santo

Buenos días, amigo/a

“Para un hombre no hay momento más dramático que el de su muerte. El paso de esta vida a la eternidad produce un desgarrón profundo. Nuestro ser se deshace al separarse el alma del cuerpo. Quienes fuimos testigos de la muerte de alguien muy querido, lo sabemos. Y ahora delante nuestro está Jesús sufriendo, está muriendo. Su muerte, siendo tremenda, es distinta, porque entrega su vida por ti, por mí y por todos. Nadie se la quita. El libremente la ofrece para que tengamos vida”.

«Desde el mediodía hubo oscuridad sobre la tierra hasta las tres de la tarde. Y alrededor de esta hora clamó Jesús con fuerte voz: «Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?» es decir, «Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?», Pero Jesús dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el Espíritu», (Mateo 27, 45-46.50).

“La misión salvadora de Jesús no termina con su muerte, continúa en su resurrección y alcanzará su plenitud cuando él se haga presente al fin de los tiempos para juzgar a vivos y muertos. A nosotros nos queda convertirnos a Cristo que sigue viviendo resucitado. ¿Aceptamos nuestra .condición humana con sus limitaciones e impotencias? Jesús la aceptó en todo menos en el pecado. El no tuvo ningún pecado, pero nosotros que somos pecadores, ¿estamos dispuestos a convertirnos?”, (P. Carlos Heredia). Acompaña hoy a Jesús en el viacrucis. P. Natalio.

jueves, 2 de abril de 2015


Convertida por la Eucaristía


Buenos días, amigo/a

Isabel Ana Seton nacida en la religión anglicana (1774) en nueva York, se casó con un rico comerciante y fue madre de cinco hijos. Quedó viuda a los 30 años. Movida de amor a Jesús presente en la Eucaristía, se hizo católica cuando tenía 31 años (1805). Fundó una congregación para educación de las niñas. Es la primera santa estadounidense elevada al honor de los altares (1975).

En un último intento para restaurar la salud de su esposo, Isabel había partido para Livorno, Italia, llevando también a la hija mayor (8 años). Pero su esposó empeoró y murió. Regresó a Nueva York y buscó la paz en su propia Iglesia anglicana. Un día se sentó en una silla de su templo, desde donde podía ver la torre de la vecina iglesia católica, y mirando el altar vacío de su templo, comenzó a hablar con Jesús, presente en la Eucaristía de la iglesia católica cercana. Así empezó a sentir un profundo amor a Jesús Sacramentado, que la atraía como un imán, y éste fue el comienzo de su conversión.

En Italia Isabel se había hospedado en casa de una familia católica muy amiga. Un día encontró Isabel un libro de oraciones. Lo abrió al azar y comenzó a leer: “Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se oyó decir...” Cada palabra le llegaba al alma con inmenso consuelo. Desde ese día pidió a Nuestra Señora le mostrase el camino que debía seguir. P. Natalio.

miércoles, 1 de abril de 2015


Metas posibles


Buenos días, amigo/a

Al fijar las metas de tu vida, sé realista. Reconoce tus límites y tus fortalezas. “Aunque se acusa a los hombres de no reconocer sus flaquezas, también es verdad que son pocos los que saben hasta dónde llegan sus fuerzas. Con los seres humanos ocurre como con ciertos suelos, que encierran una veta de oro y su dueño lo ignora”, (Jonathan Swift).

Muchas veces se tiene la impresión de que la gente prefiere que le vaya mal en la vida. Si tú tienes deseos de amargarte la vida, hay una forma muy sencilla y eficaz de lograrlo: fíjate un objetivo imposible de realizar, y tendrás tu amargura asegurada. Si no quieres fracasar, no te propongas cosas imposibles, ni pierdas tiempo en lamentarte por no alcanzarlas. Deja a un lado los amores imposibles, los trabajos imposibles, los proyectos imposibles, los cambios imposibles. No pierdas tiempo en lamentarte. Concéntrate en lo posible, y te sentirás mejor.

En la vida hay que ser realista: ser feliz con lo poco, lo sencillo y tratando de avanzar un poquito cada día, hacia una meta pensada, deseada, discernida y definida”, (Santiago Alberione). Sabio consejo para  ajustar tus sueños a la realidad personal, a tus verdaderas posibilidades. Que sepas discernir con prudencia tus metas. P. Natalio.