viernes, 7 de marzo de 2014

Señor, creo en ti


Buenos días, amigo/a.

Confiar en Dios, es depositar toda tu fe en él. Dejarle el cuidado de tus cosas. Permitirle disponer de tu futuro, porque sabes que te ama más que tú mismo. Reposa en él “como un niño en brazos de su madre” (salmo 131). Y confía, sobre todo en las pruebas, cuando las cosas resultan incomprensibles.

Cuando llegan la dificultad y las pruebas, en los momentos de angustia, de duda o enfermedad, es bueno decir al Señor que seguimos creyendo en él. “Señor, tú siempre me has dado la fuerza necesaria, y yo, aunque débil, creo en ti. Señor, tú siempre me has dado la paz de cada día, y yo, aunque angustiado, creo en ti. Señor, tú siempre me has guardado en las pruebas, y yo, aunque estoy en ella, creo en ti. Señor, tú siempre has alumbrado mis tinieblas, y yo, aunque no tengo luz, creo en ti”.                     

“Descarguen en el Señor todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes”. Si lees y meditas la Biblia, encontrarás esta exhortación y otras semejantes. Te ayudarán a fortalecer tu confianza en Dios que te ofrece refugio “a la sombra de sus alas mientras vienen calamidades” de cualquier clase y magnitud. “No temas, contigo estoy. yo te amo”,  te asegura Dios. P. Natalio.

jueves, 6 de marzo de 2014

Comprender y aceptar


Buenos días, amigo/a.

Respetar las opiniones del otro es una de las mayores virtudes que un ser humano puede tener. Las personas son diferentes, por lo tanto piensan y actúan en forma distinta. No juzgues, tan sólo comprende. Alguien escribió con acierto: "Comprender es una palabra viva y la carne de esa palabra es amor”.  Reflexiona, pues, con amor y comprenderás mejor a los demás.

Un niño que sufría por las riñas y conflictos diarios de sus padres, preguntó un día a su papá cómo comenzaban las guerras. El papá, pacientemente, se sentó y empezó a explicarle: 
Imaginemos que México se enoja con Guatemala... La mamá, que oía la charla, le interrumpió bruscamente:Pero México y Guatemala no están enojados. El papá: Lo sé, pero es un caso hipotético. La mamá:Pero así confundes al niño. El papá: ¡No, mujer, no! La mamá :¡Sí hombre, sí, no me contradigas! El niño: Papá. ¡Ya entendí cómo comienza una guerra!

Las buenas relaciones humanas en el hogar y fuera del hogar necesitan un clima de aceptación mutua, de comprensión y compasión, y en especial de paciencia. Es una faceta del amor. San Pablo en el magnífico himno al amor en 1ª Corintios 13, dice que “el amor es paciente”. La paciencia es difícil. Pide ayuda al Señor y ejercítate todos los días.  P. Natalio.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Sólo escucha al optimista


Buenos días, amigo/a.

Ser optimista es cultivar una visión serena de la vida que nos lleve a descubrir todo lo que hay de bueno, alegre y gratificante en medio de espinas y carencias. No pierdas el sentido de la proporción y más bien destaca todo lo positivo, porque son muchos los especializados en detectar todo lo sombrío y difícil de nuestro diario caminar.

No escuches a los mediocres que te dicen: ¡no se puede! No escuches a los cobardes que te dicen: ¡no te arriesgues! No escuches a los ociosos que te dicen: ¡no trabajes! Ni escuches al fracasado que te dice: ¡no lo intentes! Sólo escucha al optimista que te dice: ¡avanza, tú puedes! Sólo escucha a los valientes que te dicen: ¡no te rindas! Escucha al inteligente que te invita a usar la mente. Escucha a los entusiastas que te animan. Escucha a los que conocen el camino de la victoria. Encontrarás el tesoro más grande que hay en la vida: la libertad verdadera. Eres un ser total, sin fronteras, sin límites... ¡creado a imagen y semejanza de Dos!

“Los entusiastas son los triunfadores. Ellos tienen fortaleza, tienen tenacidad. El entusiasmo es la base de todo progreso. Con él se consigue crear. Sin él, todo son excusas”. El entusiasta tiene una gran confianza en Dios, que es también sana confianza en sí mismo, en los demás y en la vida. Sentimiento poderoso que disipa los fantasmas nefastos de los temores. P. Natalio.

martes, 4 de marzo de 2014

Valor del saber


Buenos días, amigo/a.

Los años juveniles son para adquirir conocimientos, desarrollar talentos y capacidades. Por lo tanto valora el tiempo de formación, tiempo de espera fructuosa en que pones la base de tu futuro. Persevera en el esfuerzo escolar, estudia con responsabilidad, y capacítate en una especialidad. Así podrás afrontar victoriosamente las exigencias de la vida laboral. 

Un ingeniero fue llamado a arreglar una computadora grande y compleja de 12 millones de dólares. Sentado frente a la pantalla, oprimió unas teclas, asintió con la cabeza y apagó el aparato. Con un destornillador dio vuelta y media a un pequeño tornillo. Encendió de nuevo la computadora y comprobó que funcionaba a la perfección. El presidente de la compañía encantado quiso pagarle en el acto. ¿Cuánto le debo? - preguntó. - Son mil dólares.  ¿Mil dólares por apretar un simple tornillo? Pagaré si presenta una factura detallada. El ingeniero asintió con la cabeza y se fue. Al día siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó y procedió a pagarla enseguida. La factura decía: Servicios prestados: Apretar un tornillo, $1 dólar. Saber qué tornillo apretar, $999 dólares.

Al nacer se nos regaló un capital de tiempo, capacidad de trabajo, un temperamento y carácter especial, una vocación señalada por nuestras aptitudes e inclinaciones, y una cantidad de cualidades y posibilidades a desarrollar… ¿Cómo usas estos dones?. ¿Pasas por la vida haciendo el bien, ayudando, ofreciendo tus capacidades? P. Natalio.

lunes, 3 de marzo de 2014

12 cosas memorables


Buenos días, amigo/a.

El paso fugaz del tiempo es percibido por todos. “Ay, cómo huye el tiempo irreparable”, constató el poeta Virgilio. También el salmista (S. 90) dice que, aun si llegamos a los 70 y 80 años, al fin tenemos la impresión de que han pasado a prisa, como volando. Por eso pide a Dios  te enseñe a valorar el tiempo para actuar con sabiduría. Es lo primero para recordar…

1. El valor del tiempo.
2. El triunfo de la perseverancia.
3. El placer de trabajar.
4. La dignidad de la sencillez.
5. El mérito del buen carácter.
6. El poder de la bondad.
7. La influencia del ejemplo.
8. La tranquilidad del deber cumplido.
9. La sabiduría de la economía.
10. El perfeccionamiento del talento.
11. La alegría de crear.
12. La virtud de la paciencia

¿No has comprobado que una palabra dura dicha en un acceso de ira te trajo semanas de amargura? Un refrán tibetano afirma: “la paciencia en un momento de enojo te evitará cien días de dolor”. Por la mañana pídele al Señor toda la paciencia que necesites. Dile: “Concédeme hoy fortaleza, paciencia y serenidad. Que nada ni nadie me perturbe”. Que así sea. P. Natalio.

domingo, 2 de marzo de 2014

Solo tenían una fruta


Buenos días, amigo/a.

La humildad lleva al hombre a ubicarse con verdad ante Dios, nuestro creador. Él  ve los corazones y conoce nuestros sentimientos. Dice Dios (Is. 66, 2): “En ése tengo puestos mis ojos, en el humilde y abatido, en el que se estremece ante mis palabras”. La humildad va de la mano con el santo temor de Dios.

Una vez tres hombres se perdieron en la montaña. Casi desfallecían de hambre y solamente quedaba una fruta. Apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría. Les preguntó qué podían pedirle para arreglar el problema de alimento. Uno dijo: "Pues, haz aparecer más comida". Dios contestó que no se debe pedir soluciones mágicas: hay que trabajar con lo que se tiene. Dijo otro: "Haz que la fruta crezca para que sea suficiente". La solución no está en pedir multiplicación de lo que se tiene, pues los hombres nunca quedarían satisfechos. El tercero dijo: "Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños para que la fruta nos alcance". Dios dijo: "Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y pequeño ante mis ojos, verá la prosperidad".

Seremos felices cuando aprendamos que la forma de pedir a Dios es reconocernos débiles, y ser humildes dejando de lado nuestro orgullo. Y veremos que, al empequeñecernos en lujos y ser mansos de corazón, baja a nosotros la prosperidad del Señor que escucha nuestra oración. Pídele a Dios que te haga pequeño... ¡Haz la prueba!  P. Natalio.

sábado, 1 de marzo de 2014

Agradecer

 


Buenos días, amigo/a

A veces te costará expresar al Señor los sentimientos de gratitud que hay en tu corazón. Aquí te ofrezco una ayuda para que te vayas ejercitando en este modo fácil de relacionarte con Dios mediante el agradecimiento de todos los regalos, grandes y pequeños, espirituales y materiales, que cada día recibes de su bondad de Padre.


Gracias, Señor, muchas gracias por todos los dones que me entregas. Gracias por todo lo que vi, escuché y recibí. Por el agua que me lava, por la ropa que me viste, por el pan que me sustenta. Por la casa, por los padres, por los hermanos y amigos. Por los conocimientos, esfuerzos y trabajos. Por el tiempo que me diste, por la vida que me ofreces, por la bendición de todos los días. Gracias por estar conmigo, Señor. Gracias porque me escuchas y me tomas en serio. Gracias porque recibes mi agradecimiento de hoy. Muchas gracias, Señor. Amén.


San Pablo exhortaba a los cristianos de Colosas a “vivir dando gracias a Dios”. Ejercítate y verás que te ayuda a vivir la relación con Dios en forma concreta y existencial, descubriendo con gozo los dones que te regala a cada paso. Es una oración que ensancha el corazón y descansa tu mente, además, es muy sencilla y accesible en cualquier circunstancia.  P. Natalio.