Corazón navideño
Buenos días, amigo/a
Navidad se acerca en medio de la aceleración que trae el último mes
del año. También hay síntomas de fatiga y agotamiento que exigen unas
buenas vacaciones, lejos de las tareas habituales… Navidad, Año Nuevo
y días de descanso son la oportunidad que Dios te regala para afrontar
2014 con nuevas energías, nuevas ideas, nueva vida, nueva actividad.
Si tienes tristeza, alégrate, la navidad es gozo. Si tienes enemigos,
reconcíliate, la navidad es paz. Si tienes amigos, búscalos, la
navidad es encuentro. Si tienes padres a tu lado, ayúdalos, la
navidad es don. Si tienes soberbia, sepúltala, la navidad es humildad.
Si tienes deudas, págalas, la navidad es justicia. Si tienes pecados,
conviértete, la navidad es gracia. Si tienes tinieblas, enciende tu
lámpara, la navidad es luz. Si tienes errores, reflexiona, la navidad
es verdad. Si tienes odio, olvídalo, la navidad es amor.
Ahora, sosiega tu corazón, apacigua tu mente y elévate a una visión
eterna de tu tiempo. En medio de la confusión de estos días, afloja
las tensiones de tus nervios y músculos con la música del canto de los
arroyos que viven en tu memoria. Pide al Señor te inspire a
profundizar tus raíces en el suelo de los valores perdurables de la
vida. Dios te bendiga. P. Natalio.
lunes, 23 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
“Llevo todo lo mío conmigo”
Buenos días, amigo/a.
Los años juveniles son para adquirir buenos hábitos. La única
diferencia entre el adulto fracasado y el que ha tenido éxito está en
la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo
éxito. Por lo tanto capitaliza las auténticas riquezas que, como todo
lo esencial, “son invisibles a los ojos”; y persevera en el esfuerzo,
aun si no ves resultados inmediatos.
“Llevo todo lo mío conmigo”. Así contestó el filósofo Bías, uno de los
Siete Sabios de Grecia, a sus conciudadanos de Priene, cuando,
amenazados por el ejército de Ciro, abandonaron su ciudad. Cada cual
iba cargado con todas sus riquezas y se admiraban al ver que el
filósofo no llevaba nada consigo. Les dio a entender así que las
verdaderas riquezas son las de la sabiduría y de las virtudes
adquiridas.
Tú tarea es formarte, no sólo cuando joven, sino siempre. La formación
personal consiste en asimilar valores, habilidades, virtudes… que te
permitan afrontar victoriosamente la vida en todos sus aspectos. Tu
capital de buenos hábitos será la gran riqueza que nada ni nadie te
podrá quitar. Emprende animosamente este camino de superación y
madurez. P. Natalio.
Buenos días, amigo/a.
Los años juveniles son para adquirir buenos hábitos. La única
diferencia entre el adulto fracasado y el que ha tenido éxito está en
la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo
éxito. Por lo tanto capitaliza las auténticas riquezas que, como todo
lo esencial, “son invisibles a los ojos”; y persevera en el esfuerzo,
aun si no ves resultados inmediatos.
“Llevo todo lo mío conmigo”. Así contestó el filósofo Bías, uno de los
Siete Sabios de Grecia, a sus conciudadanos de Priene, cuando,
amenazados por el ejército de Ciro, abandonaron su ciudad. Cada cual
iba cargado con todas sus riquezas y se admiraban al ver que el
filósofo no llevaba nada consigo. Les dio a entender así que las
verdaderas riquezas son las de la sabiduría y de las virtudes
adquiridas.
Tú tarea es formarte, no sólo cuando joven, sino siempre. La formación
personal consiste en asimilar valores, habilidades, virtudes… que te
permitan afrontar victoriosamente la vida en todos sus aspectos. Tu
capital de buenos hábitos será la gran riqueza que nada ni nadie te
podrá quitar. Emprende animosamente este camino de superación y
madurez. P. Natalio.
jueves, 19 de diciembre de 2013
Semillas: el Ángel vendedor
Buenos días, amigo/a.
Te ofrezco hoy una hermosa parábola moderna que ilustra una verdad de
gran trascendencia para la vida. Te aclarará lo que Dios espera de ti.
Lo que logra la oración y lo que no puedes esperar con los brazos
cruzados.
Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían
abierto un negocio nuevo. El cartel decía: "Regalos de Dios". Entré:
un Ángel atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté: —¿Qué es
lo que vendes, ángel del Señor? —Ofrezco cualquier don de Dios.
—¿Cobras muy caro? —No, los dones de Dios son gratis. Miré los grandes
estantes; estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de
esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo tenía gran
necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor y le dije al Ángel:
—Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un bulto
de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación. Mucho me
sorprendí cuando observé que el Ángel, de todo lo que yo le había
pedido, me había hecho un solo paquete; y el paquete allí estaba en el
mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón. —¿Será
posible, esto es todo? —pregunté. El Ángel me explicó: —Es todo, Dios
nunca da frutos maduros; él sólo da pequeñas semillas, que cada uno
debe cultivar.
Querido amigo/a, Dios te ayudará con sus gracias, pero te dejará un
buen margen de acción para que colabores con él. No te anula, sino que
te invita a poner toda tu buena voluntad con la libertad de un hijo de
Dios, “creado a su imagen y semejanza”. P. Natalio.
Buenos días, amigo/a.
Te ofrezco hoy una hermosa parábola moderna que ilustra una verdad de
gran trascendencia para la vida. Te aclarará lo que Dios espera de ti.
Lo que logra la oración y lo que no puedes esperar con los brazos
cruzados.
Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían
abierto un negocio nuevo. El cartel decía: "Regalos de Dios". Entré:
un Ángel atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté: —¿Qué es
lo que vendes, ángel del Señor? —Ofrezco cualquier don de Dios.
—¿Cobras muy caro? —No, los dones de Dios son gratis. Miré los grandes
estantes; estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de
esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo tenía gran
necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor y le dije al Ángel:
—Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un bulto
de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación. Mucho me
sorprendí cuando observé que el Ángel, de todo lo que yo le había
pedido, me había hecho un solo paquete; y el paquete allí estaba en el
mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón. —¿Será
posible, esto es todo? —pregunté. El Ángel me explicó: —Es todo, Dios
nunca da frutos maduros; él sólo da pequeñas semillas, que cada uno
debe cultivar.
Querido amigo/a, Dios te ayudará con sus gracias, pero te dejará un
buen margen de acción para que colabores con él. No te anula, sino que
te invita a poner toda tu buena voluntad con la libertad de un hijo de
Dios, “creado a su imagen y semejanza”. P. Natalio.
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Insultos y alabanzas
Buenos días, amigo/a.
Un pintoresco refrán árabe dice: “Si te detienes a recoger las piedras
que te arrojan en tu camino, jamás llegarás a la meta”. Hay que
bloquearse a los desprecios e insultos. Es cierto, sin embargo, que a
veces hay críticas que te ayudarán a progresar, a pesar de que te
duelan. Es gran sabiduría aprovecharlas.
Un hermano fue a buscar al abad Macario de Egipto, y le dijo: "Padre,
dime una palabra a fin de que me salve". Y el Anciano dijo: "Ve, al
cementerio e injuria a los muertos". El hermano fue, los injurió y les
arrojó piedras; después regresó para informar al Anciano. Este le
dijo: "¿No te dijeron nada?" El respondió que no. El Anciano le dijo:
"Regresa allí mañana y alábalos". Entonces el hermano fue y los alabó
diciendo: "Apóstoles, santos y justos" y regresó donde el Anciano y le
dijo: "Ya cumplí la orden". Macario le preguntó: "¿No te respondieron
nada?" El hermano dijo que no. El Anciano le dijo: "Tú sabes qué
insultos les dirigiste, sin que ellos te respondieran y qué alabanzas
sin que ellos te hablaran. Así también tú, si quieres salvarte,
conviértete en un muerto y, como los muertos, no tengas en cuenta ni
los desprecios de los hombres ni sus alabanzas".
Las alabanzas animan, pero no deben hacerte perder el sentido de la
realidad, pensando que has llegado a la perfección. Los antiguos
decían “ars longa, vita brevis”: la vida es breve para llegar a la
perfección de cualquier arte. Y el arte de las artes es tu crecimiento
como persona. Que pases un buen día. P. Natalio.
Buenos días, amigo/a.
Un pintoresco refrán árabe dice: “Si te detienes a recoger las piedras
que te arrojan en tu camino, jamás llegarás a la meta”. Hay que
bloquearse a los desprecios e insultos. Es cierto, sin embargo, que a
veces hay críticas que te ayudarán a progresar, a pesar de que te
duelan. Es gran sabiduría aprovecharlas.
Un hermano fue a buscar al abad Macario de Egipto, y le dijo: "Padre,
dime una palabra a fin de que me salve". Y el Anciano dijo: "Ve, al
cementerio e injuria a los muertos". El hermano fue, los injurió y les
arrojó piedras; después regresó para informar al Anciano. Este le
dijo: "¿No te dijeron nada?" El respondió que no. El Anciano le dijo:
"Regresa allí mañana y alábalos". Entonces el hermano fue y los alabó
diciendo: "Apóstoles, santos y justos" y regresó donde el Anciano y le
dijo: "Ya cumplí la orden". Macario le preguntó: "¿No te respondieron
nada?" El hermano dijo que no. El Anciano le dijo: "Tú sabes qué
insultos les dirigiste, sin que ellos te respondieran y qué alabanzas
sin que ellos te hablaran. Así también tú, si quieres salvarte,
conviértete en un muerto y, como los muertos, no tengas en cuenta ni
los desprecios de los hombres ni sus alabanzas".
Las alabanzas animan, pero no deben hacerte perder el sentido de la
realidad, pensando que has llegado a la perfección. Los antiguos
decían “ars longa, vita brevis”: la vida es breve para llegar a la
perfección de cualquier arte. Y el arte de las artes es tu crecimiento
como persona. Que pases un buen día. P. Natalio.
martes, 17 de diciembre de 2013
Cultiva la alegría
Buenos días, amigo/a
Ayudar y servir son dos expresiones concretas de un amor que se brinda
generosamente a los demás. De este olvido de ti mismo, surgirá como
por magia, tu propia felicidad y alegría, tu auténtica realización.
“Dormí y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era
servicio. Y, en el servicio, encontré la alegría” (Tagore). Pide a
Dios el don de la alegría.
Sana, Señor, las raíces de mis tristezas ocultas, llega hasta el fondo
de mis males, para que pueda recuperar el verdadero gozo. Eso espero
de tu amor, mi Señor poderoso. No dejes que me entregue en los brazos
enfermos de la melancolía, no permitas que me envenene interiormente
con las quejas o el desaliento. Todo eso es inútil. No quisiera gastar
mis energías y mi tiempo en esos sentimientos dañinos. Mejor tómame
con tu luz. Dame una mirada positiva, optimista, esperanzada.
Convénceme, con un toque de tu Espíritu, de que la entrega generosa a
tu Reino es el mejor camino. Amén.
Defiende, pues, y cultiva la alegría. La risa y el buen humor te
liberarán de aquella lúgubre seriedad que vuelve los problemas pesados
como el plomo, te protegerán además de la triste inquietud cotidiana.
La risa y el buen humor crean espacios nuevos para alegrías
desconocidas. Es un precepto de Dios estar alegres: “Estén siempre
alegres” (1 Tes. 5,16). P. Natalio.
Buenos días, amigo/a
Ayudar y servir son dos expresiones concretas de un amor que se brinda
generosamente a los demás. De este olvido de ti mismo, surgirá como
por magia, tu propia felicidad y alegría, tu auténtica realización.
“Dormí y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era
servicio. Y, en el servicio, encontré la alegría” (Tagore). Pide a
Dios el don de la alegría.
Sana, Señor, las raíces de mis tristezas ocultas, llega hasta el fondo
de mis males, para que pueda recuperar el verdadero gozo. Eso espero
de tu amor, mi Señor poderoso. No dejes que me entregue en los brazos
enfermos de la melancolía, no permitas que me envenene interiormente
con las quejas o el desaliento. Todo eso es inútil. No quisiera gastar
mis energías y mi tiempo en esos sentimientos dañinos. Mejor tómame
con tu luz. Dame una mirada positiva, optimista, esperanzada.
Convénceme, con un toque de tu Espíritu, de que la entrega generosa a
tu Reino es el mejor camino. Amén.
Defiende, pues, y cultiva la alegría. La risa y el buen humor te
liberarán de aquella lúgubre seriedad que vuelve los problemas pesados
como el plomo, te protegerán además de la triste inquietud cotidiana.
La risa y el buen humor crean espacios nuevos para alegrías
desconocidas. Es un precepto de Dios estar alegres: “Estén siempre
alegres” (1 Tes. 5,16). P. Natalio.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Las dos ranas
Buenos días, amigo/a.
En tu vida se van dando posibilidades de cambiar para bien. Conviene
que te detengas, evalúes con detención las ventajas, y tomes
decisiones sabias y prudentes, porque ésa es la forma normal de
progresar. No caigas en el error de desechar todo cambio por
principio; ni tampoco en el otro extremo, de creer que toda novedad es
mejor. Aquí tienes una fábula sobre el tema.
Vivía una rana felizmente en un pantano profundo, alejado del camino,
mientras su vecina vivía muy orgullosa en una charca en el centro del
camino. La del pantano le insistía a su amiga que se fuera a vivir al
lado de ella, alejada del camino; que allí estaría mejor y más segura.
Pero no se dejó convencer, diciendo que le era muy difícil abandonar
un lugar donde ya estaba establecida y satisfecha. Y sucedió que un
día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la
pobre rana que no había querido aceptar un cambio oportuno.
Con frecuencia Dios, por sus profetas, invitó a Israel a revisar su
estilo de vida para hacer los necesarios reajustes que exigía la
alianza solemnemente pactada. La Palabra de Dios sigue invitándonos a
cambiar para bien, y nos motiva con sabiduría a dar pasos de
crecimiento espiritual. Ábrete a su mensaje y aprovecha su fuerza
renovadora. P. Natalio.
Buenos días, amigo/a.
En tu vida se van dando posibilidades de cambiar para bien. Conviene
que te detengas, evalúes con detención las ventajas, y tomes
decisiones sabias y prudentes, porque ésa es la forma normal de
progresar. No caigas en el error de desechar todo cambio por
principio; ni tampoco en el otro extremo, de creer que toda novedad es
mejor. Aquí tienes una fábula sobre el tema.
Vivía una rana felizmente en un pantano profundo, alejado del camino,
mientras su vecina vivía muy orgullosa en una charca en el centro del
camino. La del pantano le insistía a su amiga que se fuera a vivir al
lado de ella, alejada del camino; que allí estaría mejor y más segura.
Pero no se dejó convencer, diciendo que le era muy difícil abandonar
un lugar donde ya estaba establecida y satisfecha. Y sucedió que un
día pasó por el camino, sobre la charca, un carretón, y aplastó a la
pobre rana que no había querido aceptar un cambio oportuno.
Con frecuencia Dios, por sus profetas, invitó a Israel a revisar su
estilo de vida para hacer los necesarios reajustes que exigía la
alianza solemnemente pactada. La Palabra de Dios sigue invitándonos a
cambiar para bien, y nos motiva con sabiduría a dar pasos de
crecimiento espiritual. Ábrete a su mensaje y aprovecha su fuerza
renovadora. P. Natalio.
domingo, 15 de diciembre de 2013
El bordado de mamá
Buenos días, amigo/a.
Los planes y pensamientos de Dios son muy distintos de los proyectos
humanos. La anécdota de hoy puede ayudarte a confiar más plenamente en
los designios de Dios sobre tu vida, porque son frutos de su amor y de
su sabiduría infinita.
Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca
de ella y le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que
estaba bordando. Siendo yo pequeño, observaba el trabajo de mi mamá
desde abajo, por eso siempre me quejaba diciéndole que solo veía hilos
feos. Ella se sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía:
—Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te
pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde arriba. Me preguntaba
por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y por qué me
parecían tan desordenados desde donde yo estaba. Más tarde escuchaba
la voz de mamá diciéndome: —Hijo, ven y siéntate en mi regazo. Yo lo
hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver una hermosa
flor o un bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo
solo veía hilos enredados. Entonces mi mamá me decía: —Hijo mío, desde
abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que
había un plan arriba. Yo tenía un hermoso diseño. Ahora míralo desde
mi posición, qué bello.
Muchas veces he mirado al Cielo y he dicho: —Padre, ¿qué estás
haciendo? Él responde: —Estoy bordando tu vida. Entonces yo le
replico: —Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen
tan oscuros, ¿por qué no son más brillantes? El Padre parecía decirme:
—Mi niño, ocúpate de tu trabajo confiando en mí y un día aquí, sobre
mi regazo, verás el plan desde mi posición y entenderás... Que el
Señor acreciente tu fe y confianza filial. P. Natalio.
Buenos días, amigo/a.
Los planes y pensamientos de Dios son muy distintos de los proyectos
humanos. La anécdota de hoy puede ayudarte a confiar más plenamente en
los designios de Dios sobre tu vida, porque son frutos de su amor y de
su sabiduría infinita.
Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca
de ella y le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que
estaba bordando. Siendo yo pequeño, observaba el trabajo de mi mamá
desde abajo, por eso siempre me quejaba diciéndole que solo veía hilos
feos. Ella se sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía:
—Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te
pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde arriba. Me preguntaba
por qué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y por qué me
parecían tan desordenados desde donde yo estaba. Más tarde escuchaba
la voz de mamá diciéndome: —Hijo, ven y siéntate en mi regazo. Yo lo
hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver una hermosa
flor o un bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo
solo veía hilos enredados. Entonces mi mamá me decía: —Hijo mío, desde
abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que
había un plan arriba. Yo tenía un hermoso diseño. Ahora míralo desde
mi posición, qué bello.
Muchas veces he mirado al Cielo y he dicho: —Padre, ¿qué estás
haciendo? Él responde: —Estoy bordando tu vida. Entonces yo le
replico: —Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen
tan oscuros, ¿por qué no son más brillantes? El Padre parecía decirme:
—Mi niño, ocúpate de tu trabajo confiando en mí y un día aquí, sobre
mi regazo, verás el plan desde mi posición y entenderás... Que el
Señor acreciente tu fe y confianza filial. P. Natalio.
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