jueves, 7 de marzo de 2013

Esperando la futura gloria


Buenos días, amigo/a

El túnel más largo y oscuro se hace un camino llevadero, cuando sabes
que al final te aguarda una salida hacia la luz. Las arenas ardientes
del desierto se superan, cuando peregrinas sobre ellas con la
esperanza segura de alcanzar el oasis reparador. La oración
responsorial de hoy —de los salmos 31 y 36— reavivará tu esperanza.

V. ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles!
R. ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles!
V. Se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de
tus delicias.
R. Lo reservas para tus fieles.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles!


Todo sufrimiento se hace más soportable, si lo vives mirando hacia el
futuro, con la seguridad de que un día dejarás de padecer. Mejor aún
si puedes vivir la esperanza mayor, la que llega más allá del tiempo,
y supera el dolor de la última pérdida, la muerte, con la promesa de
una Vida Plena. “Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en
el Señor”. P. Natalio.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Educando al prójimo

Buenos días, amigo/a

Cuando de alguien se dice, “es una buena persona”, así simplemente, se
la está calificando con la nota más excelente: la bondad. Ser bueno es
ser de nobles sentimientos, honrado, servicial, respetuoso con todos,
amable, generoso. La bondad sintetiza aspectos muy valiosos de la
personalidad, que generan en los demás, aprecio y admiración,
atracción y simpatía.

Un señor, muy molesto por el ruido, llamó a la puerta del inquilino
del piso inferior y preguntó con mal disimulada rabia: —¿No ve que son
las cuatro de la madrugada? ¡No es posible cerrar un ojo con ese
ruido! ¿Se puede saber qué es todo ese estruendo? — Sí, señor. ¡Es la
grabación de la fiesta que usted hizo ayer hasta la madrugada en su
casa!

La anécdota de hoy señala un defecto corriente: la falta de respeto
por los demás. Respetar, poniéndose en el lugar de los otros, está en
la base de la convivencia humana. Jesús nos advirtió: “No hagas a otro
lo que no te gusta que te hagan a ti”. Norma fundamental y obvia, pero
tantas veces transgredida por egoísmo o inconsciencia. Recuérdala
siempre. P. Natalio.

martes, 5 de marzo de 2013


La situación difícil que atraviesa la Argentina  —economía fluctuante,
inflaciones periódicas, falta de trabajo, crecimiento de la pobreza,
etc.— ha generado un hecho digno de admiración y elogio: el
voluntariado. Personas que, más allá de la queja estéril, se deciden
entregar su vida y poner el hombro a las necesidades urgentes que
perciben a su alrededor. Son vocaciones de servicio.

Por amor hay quien abandona su casa confortable en Europa y vive, sin
agua y sin luz, en una villa miseria de una nación del Tercer Mundo.
Por amor hay personas que cruzan continentes y mares, y por ese mismo
amor hay quienes se encierran en la celda de un monasterio a la
oración. Por ese amor se entregan los años, la salud, el dinero, la
juventud, la seguridad del futuro, el trabajo, el descanso, los
gustos, todo. Ese amor es más fuerte que los lazos de la sangre, que
las raíces de la tierra o que las llamadas del corazón. Ese amor es
más fuerte que la vida y que la muerte. Pero todo eso es un camino
seguro hacia la felicidad, porque, “lo que se necesita para conseguir
la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado”.

Cada día puedes ser generoso en acciones pequeñas. Este propósito abre
el corazón poco a poco, y descubres admirado que nunca pierdes. Por el
contrario te fortaleces y puedes superar el temor de ser vulnerable.
Practicar la generosidad ejercita al corazón: cuanto más se da, más se
fortalece. Recuerda que Jesús dijo: “Hay más alegría en dar que en
recibir”. P. Natalio.

lunes, 4 de marzo de 2013


Para confiar más en Dios


Buenos días, amigo/a

Confiar en Dios, es depositar toda nuestra fe en él. Dejarle el
cuidado de tus cosas. Permitirle disponer de tu futuro, porque sabes
que te ama más que tú mismo. Reposar en él “como un niño en brazos de
su madre” (salmo 131). Y confiar sobre todo en las pruebas, cuando las
cosas resultan incomprensibles.

Señor, quiero creer en tus promesas, quisiera confiar más en tu poder
y en tu amor para que toda mi vida esté realmente en tus manos.
Regálame, Señor, el don de la confianza. Así todo lo que me suceda
será para mi bien y para el bien de los demás. Tómame en tus brazos y
no permitas que me llene de temores inútiles. Quiero conocer la
alegría de la libertad espiritual, el gozo de darte a ti el control de
mi existencia. Pero también quiero elevar mis ojos hacia ti y dejar en
tus brazos todos mis seres queridos. Protégelos, Señor, te los confío,
te los entrego para que todo lo que les suceda tenga un buen fin.
Dales también la fuerza de tu amor para que conozcan la verdadera
alegría. Amén. (Víctor M. Fernández).

“Descarguen en el Señor todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de
ustedes”. Si lees y meditas la Biblia, encontrarás esta exhortación y
otras semejantes. Te ayudarán a fortalecer tu confianza en Dios que te
ofrece refugio “a la sombra de sus alas mientras vienen calamidades”
de cualquier clase y magnitud. “No temas, contigo estoy. Yo te amo”,
te asegura Dios. P. Natalio

domingo, 3 de marzo de 2013


Tiempo de conversión

Buenos días, amigo/a

La predicación de Jesús comenzó así: “El tiempo se ha cumplido. El
reino de Dios ha llegado. Conviértanse y crean en la buena noticia”.
Esta invitación resonó como una clarinada que movilizó al pueblo de
Dios a volver al Señor, abandonar sus caminos equivocados, purificar
el corazón… La Reina de la Paz repite hoy el mismo mensaje de
salvación.


“¡Queridos hijos! Los invito a trabajar en la conversión personal. Aún
en su corazón, están lejos del encuentro con Dios. Por eso,
transcurran el mayor tiempo posible en oración y en adoración a Jesús
en el Santísimo Sacramento del altar, para que él los cambie y ponga
en su corazón, una fe viva y el deseo de la vida eterna. Todo es
pasajero, hijitos, sólo Dios es eterno. Yo estoy con ustedes y los
aliento con amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado! ”

El sacramento de la reconciliación o confesión es una excelente
respuesta al dulce llamado a la conversión que te hace la Madre del
Salvador. Te animo a acercarte a este sacramento, porque ayuda a
conocerse más a sí mismo, te da consuelo espiritual, y es canal de
gracia para superar la fuerza del mal y del pecado que está en
nosotros. El Espíritu del Señor te mueva. P. Natalio.

sábado, 2 de marzo de 2013


La espada de Damocles


Buenos días, amigo/a

No envidies a los poderosos, o a las estrellas o astros del cine, del
deporte, o de la vida social. La envidia es como un resentimiento
irracional causado por desear el bien ajeno, un disgusto oscuro que
provoca la elevada posición de una persona, o el brillo de sus
cualidades. Detrás de la envidia hay una incapacidad de asumir con
serenidad los propios límites.

Damocles, era  un adulador cortesano de Dionisio, tirano de Siracusa
(siglo IV a. C.). Había propagado que Dionisio era un afortunado al
disponer de tan gran poder y riqueza. El tirano para darle un
escarmiento, le ofreció intercambiar con él por un día sus tareas. Así
podría disfrutar de absoluto poder. Esa misma tarde Damocles celebró
un opíparo banquete donde fue servido como un rey. Cuando a mitad de
la comida miró hacia arriba y reparó en la afilada espada que colgaba
de un finísimo hilo sobre su cabeza, empalideció de repente y perdió
las ganas de seguir comiendo. Pidió al tirano abandonar su puesto,
diciendo que ya no quería seguir siendo tan dichoso.

El envidioso no percibe que su infelicidad no proviene de lo que no
tiene, sino de la falta de aprecio por lo que sí posee. Hay además una
falta de compromiso y responsabilidad con la propia vida, porque el
celoso, pendiente de la vida de otros, no conoce sus fortalezas y
posibilidades reales. El Señor te libre de la dañosa envidia. P.
Natalio.

viernes, 1 de marzo de 2013

Felices los padres…

Buenos días, amigo/a

Un hijo escribió a su padre: “No me des todo lo que te pida; pues, a
veces yo sólo pido para ver cuánto puedo obtener. No me des siempre
órdenes; si a veces me pidieras las cosas, lo haría con más gusto.
Cumple tus promesas; si me prometes un premio o un castigo, dámelo. No
me compares con nadie; si me haces sentir peor que los demás, seré yo
quien sufra”.

Felices los padres comprensivos, porque obtendrán la amistad de sus
hijos. Felices los cariñosos, porque serán amados por sus hijos. Los
que dan buen ejemplo, porque los imitarán con alegría. Felices los que
son comprensivos, porque sus hijos los comprenderán. Los que acompañan
a sus hijos,  porque no se sentirán solos. Los que apoyan a sus hijos,
porque éstos serán su apoyo. Los que escuchan a sus hijos, porque
siempre serán atendidos. Felices los que velan por sus hijos, porque
podrán cada noche dormir tranquilos.

“No me corrijas delante de los demás, enséñame a ser mejor cuando
estemos a solas. No me grites, te respeto menos cuando lo haces y me
enseñas a gritar. Déjame valerme por mí mismo o nunca aprenderé.
Cuando estés equivocado admítelo, y crecerá la opinión que tengo de
ti. Quiéreme y dímelo, me gusta oírtelo decir”. Una buena lección en
pocas palabras. P. Natalio.