sábado, 7 de abril de 2012


Felices Pascuas



Buenos días, amigo/a.

Éste es el día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él.
Tengámoslo claro, queridos amigos/as, la ciencia puede retrasar la
muerte, prolongar un tiempo más nuestra existencia, pero sólo Jesús
resucitado asegura nuestra gloriosa vida eterna.

Sí, la muerte ha sido vencida. Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió
con el Espíritu Santo llenándolo de poder, la derrotó definitivamente.
Él rompió el cerco que ahogaba la esperanza humana, y amplió los
horizontes hasta darles dimensión de eternidad. Celebrar la Pascua es
recordar este hecho y festejarlo. Cristo que dijo “Yo soy la vida”  ha
vencido en él, definitivamente, a la muerte. El ansia de eternidad y
felicidad, que alberga el corazón de todo hombre, es una semilla
destinada a dar fruto cuando nos unamos plenamente a Cristo, el
Resucitado.


Comparto contigo la vivísima alegría de la Pascua, y te deseo de
corazón, los dones y la gracia de Jesús resucitado. La resurrección
del Señor renueve nuestras vidas, nos llene de su amor y de su paz, y
nos lleve a ser luz de esperanza para nuestros hermanos. ¡Muy felices
Pascuas! P. Natalio.

viernes, 6 de abril de 2012


Me amó, y se entregó por mí


Buenos días, amigo/a.

Jesús se queja: “me llamas Maestro, y no me preguntas. Me llamas Luz,
y no me miras. Me llamas Verdad, y no me crees. Me llamas Camino, y
no me sigues. Dices que soy Divino, y no me amas. Dices que soy
Generoso, y no me pides. Dices que soy Misericordioso, y no confías en
mí. Dices que soy Omnipotente, y no me honras.

Un misionero en medio de unos indios iroqueses de Norteamérica,
sentados en el suelo, les hablaba sobre la generosidad de la entrega
de Cristo. Y a medida que avanzaba su explicación el jefe indio,
decía:
—Jefe indio da su hacha a Jesucristo.
—Jefe indio da su manta a Jesucristo.
-—Jefe indio da su caballo a Jesucristo.
—Jefe indio se entrega a Jesucristo.
Hermano/a, ¿qué tal va tu amor a Jesús? ¿No te aventaja tal vez este
jefe indio?

Jesús ilumina y llena tu vida. Como a los apóstoles él te envía a
comunicar la alegría de la salvación, y transmitir tu experiencia
personal de fe. Se trata de conducir a los extraviados al encuentro
con Jesús vivo en su Palabra, en los sacramentos y en la comunidad
eclesial. Persuádelos diciéndoles “ven y verás”. P. Natalio.

jueves, 5 de abril de 2012

Convertida por la Eucaristía


Buenos días, amigo/a

Isabel Ana Seton nacida en la religión anglicana (1774) en nueva York,
se casó con un rico comerciante y tuvo cinco hijos. Enviudó a los 30
años. Movida de amor a Jesús presente en la Eucaristía, se hizo
católica a los 31 años (1805). Fundó una congregación para educar a
las niñas. Es la primera santa estadounidense elevada al honor de los
altares (1975).

En un último intento para restaurar la salud de su esposo, Isabel
había partido para Livorno, Italia, llevando también a la hija mayor
(8 años). Pero su esposó empeoró y murió. Regresó a Nueva York y buscó
la paz en su propia Iglesia anglicana. Un día se sentó en una silla de
su templo, desde donde podía ver la torre de la vecina iglesia
católica, y mirando el altar vacío de su templo, comenzó a hablar con
Jesús, presente en la Eucaristía de la iglesia católica cercana. Así
empezó a sentir un profundo amor a Jesús Sacramentado, que la atraía
como un imán, y éste fue el comienzo de su conversión.

En Italia Isabel se había hospedado en casa de una familia católica
muy amiga. Un día encontró Isabel un libro de oraciones. Lo abrió al
azar y comenzó a leer: “Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que
jamás se oyó decir...” Cada palabra le llegaba al alma con inmenso
consuelo. Desde ese día pidió a Nuestra Señora le mostrase el camino
que debía seguir. P. Natalio.

miércoles, 4 de abril de 2012


El buey y el mosquito


Buenos días, amigo/a.

La gente tiene a menudo una imagen inflada de sí mismo: desea con
ardor que los resultados de su actuación estén a la altura de la
efigie que tienen de su persona. Y, como es raro que se dé esa
adecuación, la gente reacciona entre frustrada y resentida. Estamos al
borde de la locura, metidos en la neblina de la alucinación.
(Larrañaga).

En el cuerno de un buey se posó un mosquito. Luego de permanecer allí
largo rato, al irse a su vuelo preguntó al buey si se alegraba de que
por fin se marchase. El buey le respondió: —Ni supe que habías venido,
ni lo notaré cuando te vayas.

Según santo Tomás de Aquino, Cristo nos recomendó por encima de todo
la humildad, por esta razón: porque con ella se anula el principal
impedimento para nuestra santificación. Todas las demás virtudes
derivan de ella su valor. Sólo a ella le concede Dios sus gracias, y
las retira cuando ella desaparece. P. Natalio.

martes, 3 de abril de 2012

Abrir el corazón


Buenos días, amigo/a.

La sinceridad es una virtud exigente, ya que puedes faltar a la verdad
de distintas y sutiles maneras. Por ejemplo, con la simulación, que es
mentir con los hechos, o con la hipocresía pasando por lo que no eres,
o con jactancias atribuyéndote excelencias que no posees, o con
adulaciones cuando engañas para sacar algún provecho de los otros.

Abrir el corazón es ser sincero por encima de todos los engaños que
nos hacen aparentar ser fríos e invulnerables. Es un acto de
generosidad con los demás y un ejercicio de honestidad con nosotros
mismos. Es apuntar a lo más sublime de nuestro ser, reconociendo en
los demás aquello que también está en nosotros. Es sembrar ahora mismo
la semilla selecta que hemos guardado para un mejor momento. Es seguir
el impulso de lo noble, justo y recto que hay en ti. Deja hablar al
corazón, porque ése es el mejor maestro que te llevará a un
conocimiento más profundo.

Vivir con sinceridad es decidirte a hablar con la verdad en la mano
aunque a veces te cueste; a no mentir para salir de una dificultad o
librarte de una responsabilidad; a no mentir para que los demás
piensen algo bueno de ti; a reconocer con honestidad cuando te has
equivocado sin tratar de justificarte. He aquí un camino exigente de
grandeza moral. P. Natalio.

lunes, 2 de abril de 2012


Las estalactitas


Buenos días, amigo/a

Cuando una dificultad seria se interpone para alcanzar tus metas, es
hora de pensar si vale la pena seguir luchando. Si la respuesta es
positiva, no te desanimes, puedes comenzar de nuevo. Paso tras paso se
llega a la cumbre, ladrillo tras ladrillo se edifican los palacios y
hachazo tras hachazo se derriban los árboles gigantes.

La paciencia se parece a las estalactitas: éstas se van formando poco
a poco en la oscuridad, se integran gota a gota y de manera irregular,
requieren tiempo, y crecen por arriba y por abajo siendo al fin muy
hermosas. La paciencia se parece también a un bonsái, esos arbolitos
enanos: solo tiempo, fe, cuidados y mimos los hacen crecer. No se
puede separar el arbolito de las ramas, ni sacarlo de su maceta para
ver si está echando raíces. Necesita la humildad del humus para
desarrollarse.

En la base de los verdaderos triunfos está siempre una paciencia a
toda prueba. Los caracteres de recio temple hallan un gozo especial en
las adversidades. Que el Señor te ayude a desarrollar una voluntad de
acero hasta llegar a ver en los obstáculos un aliciente para seguir
con más paciencia hacia tus metas. P. Natalio

domingo, 1 de abril de 2012


Acepta los contratiempos


Buenos días, amigo/a.

Cuántas pequeñas contrariedades pasan cada día pueden
desestabilizarte, ponerte de mal humor, amenazando oscurecer toda tu
jornada. Hoy te ofrezco una oración muy buena del P. Víctor Fernández
para disponerte a sobrellevar con paciencia y en paz estos incidentes,
sin que te envuelvan en su negatividad.

Señor, acepto que hoy no sea un día perfecto, ya he aprendido que esta
tierra todavía no es el cielo. Sólo te pido que mi vida no sea inútil,
que lo que yo viva hoy sirva para algo. No pretendo que todo sea
fascinante en este día, y quiero regalarte con amor todo pequeño
cansancio, sufrimiento, contratiempo o dificultad que deba soportar.
Te ofrezco, Señor amado, todo lo que me pueda desagradar en esta
jornada, te lo entrego con amor, así como tú te entregaste entero,
hasta el fin, en la cruz. Dame mucha paciencia, Señor mío, para poder
responder al mal con el bien, para no entrar en una espiral de
violencia, para aceptar con calma todo lo que me perturbe en mi
relación con los demás. Te lo entrego todo a ti. Recíbelo, Señor.

Una persona te falla a una cita sin avisar, una comunicación que no
puedes hacer porque nadie atiende el teléfono, la comida es
insuficiente y no de tu gusto, etc., son situaciones que requieren
calma y buen humor para no perturbarte. Puedes fortalecer tu decisión
repitiendo: “Ayúdame, Señor, a mantenerme sereno y tranquilo”. P.
Natalio,