sábado, 7 de enero de 2012


Año nuevo, vida nueva


Buenos días, amigo/a.

Te deseo que este año tengas suficiente felicidad para mantenerte
dulce; suficientes problemas para mantenerte fuerte; suficientes penas
para mantenerte humano; suficientes éxitos para mantenerte sereno;
suficiente entusiasmo para enfrentar las dificultades; suficiente
determinación y valor para hacer que este año sea el mejor de tu vida.

Jesús mío y Dios mío, deseo iniciar una nueva vida donde todo tenga un
sentido por el que valga la pena luchar; mi existencia va pasando,
tantas cosas hay por hacer y temo no haber hecho nada. ¡Cristo mío,.
Cristo mío!, de corazón perdón te pido, quiero empezar de nuevo,
quiero aprender a amar, a servir sin esperar, a perdonar sin rencores,
quiero vivir sin temores confiando siempre en Ti. Quiero ser portador
de gozo, unión y paz. Libérame de vicios y vanidades, que alcance yo
sabiduría, la que engendra la humildad, para, al fin, nacer de nuevo a
tu amor y santidad. Amén.

Enero, primer mes del año, es también un mes de vacaciones para muchas
personas, en especial estudiantes y docentes. Aprovéchalo para
restaurar tus energías físicas, mentales y espirituales. Libérate de
toda negatividad, renueva tu confianza en Dios, en ti mismo y en los
demás, y extrae del corazón nuevas energías para estrenar cada día del
2012. P. Natalio.

viernes, 6 de enero de 2012

En un juicio


Buenos días, amigo/a.

Entre nosotros con frecuencia las faltas de sinceridad son celebradas
como “viveza criolla”, feo vicio antisocial que ha vulnerado nuestra
buena imagen en el exterior. Y lo peor es que perdura entre nosotros
cuando aplaudimos al canchero, al piola, al madrugador, que son los
“avivatos” y “ventajitas” de las historietas cómicas. Sólo la verdad
nos hará libres.

—¿Cuántos años tiene usted, señorita? –pregunta en un juicio el
presidente del tribunal a una solterona.
—Veinticinco recién cumplidos, señor.
—Bien, ahora que ya ha dicho su edad, ¿jura decir la verdad, toda la
verdad, y nada más que la verdad?

Ser una persona que ama la verdad, aún si ésta va en contra de uno, te
reviste de gran honor. Y el honor es mejor que los honores. Urge
educar al niño a descubrir y gozar la alegría que da hablar y actuar
con verdad, reconociendo que no debe avergonzarse de dar testimonio
sincero de ella. Ojalá padres y maestros asuman esta tarea básica. P.
Natalio.

jueves, 5 de enero de 2012


La corrección: ayuda valiosa


Buenos días, amigo/a.

Con frecuencia Dios, por sus profetas, invitó a Israel a revisar su
estilo de vida para hacer los necesarios reajustes que exigía la
alianza solemnemente pactada. La Palabra de Dios sigue invitándonos a
cambiar y corregirnos, y nos motiva con sabiduría a dar pasos de
crecimiento espiritual. Ábrete a su mensaje y aprovecha su fuerza
renovadora.

Agradécele a Dios haber puesto en tu camino personas buenas que
corrigen tus defectos. Quienes nos corrigen demuestran mucho amor,
porque hay otros que, en lugar de corregirnos, utilizan nuestras
faltas y errores para comentarlos con sus amigos, pero nada más. Si
quieres mejorar de verdad, decídete aceptar las correcciones que te
hagan, sin poner defensas, excusas o pretextos. Ante una crítica,
reflexiona por qué te la dicen y si en verdad se justifica. A pesar de
que algunos se consideran intachables, todos tenemos defectos. Y
aunque estemos llenos de ellos, el Espíritu Santo nos da
discernimiento para notar las virtudes que también poseemos.

“Si yo corrigiera mi manera de pensar de los otros, me sentiría
sereno. Si yo corrigiera mi manera de actuar ante los demás, los haría
felices. Si yo aceptara a todos como son, sufriría menos. Si yo me
aceptara tal cual soy y corrigiera mis defectos, ¡cuánto mejoraría mi
hogar y mi entorno! Si yo cambiara... ¡cambiaría el mundo!”. Anímate a
dar pasos decididos. P. Natalio.

miércoles, 4 de enero de 2012

El caballo y el buey


Buenos días, amigo/a.

El trabajo honrado y responsable nos libera del aburrimiento y de los
vicios, y nos proporciona los recursos para remediar nuestras
necesidades fundamentales. Es una bendición de Dios. Trabaja con gusto
y acabarás sintiendo gusto por el trabajo. “El que no quiera trabajar,
que no coma”, escribió san Pablo a los de Tesalónica. Que tengas un
día de acción.

Un buey y un caballo comían en el mismo potrero. El buey comía ligero,
tragaba casi sin mascar y luego se echaba en el suelo a rumiar
tranquilo. El caballo también comía, pero sólo si no estaba ensillado;
y aunque se hubiese apurado no hubiera comido ni la mitad de lo que el
buey. Pensaba que el amo perdía manteniendo a aquel haragán comilón.
Pero el amo un día se llevó el buey, que, de gordo, apenas podía
caminar. El caballo preguntó a un chimango que observaba desde un
poste, a dónde llevaban a su compañero. —Al matadero, -chilló muy
alegre el chimango– ¿no ves que está gordo? ¡Qué banquete tendré hoy!
En esta vida –pensó el caballo- hay varios modos de pagar los gastos.
G. Daireaux.

“Saluda con gozo y agradecimiento el don inapreciable de este nuevo
día. Trata con ternura cada hora porque no retornará jamás. Elude con
empeño todo aquello que mata el tiempo. No escuches a labios ociosos,
ni te quedes donde hay manos inactivas”, (Mandino). Valiosos consejos
para evadir la vagancia que frustra y aleja las mejores metas. P.
Natalio.

martes, 3 de enero de 2012

Ahora mismo


Buenos días, amigo/a.

Al inicio de un nuevo año te comparto unas consignas que me han
movilizado a lo largo del tiempo: “Saludaré con gozo y agradecimiento
el don inapreciable de este nuevo día. Trataré con ternura cada hora
porque sé que no retornará jamás. Eludiré con ahínco todo aquello que
mata el tiempo. A la indecisión la destruiré con la acción. Sepultaré
las dudas bajo la fe”.

No esperes una sonrisa, para ser gentil. No esperes ser amado, para
amar. No esperes quedarte solo, para reconocer el valor de un amigo.
No esperes el mejor empleo, para comenzar a trabajar. No esperes tener
mucho, para compartir algo. No esperes un doloroso tropezón, para
recordar un consejo. No esperes el dolor, para rezar una oración. No
esperes tener tiempo, para poder servir. No esperes ser herido por
otro, para pedir perdón. No esperes una separación, para
reconciliarte. No esperes… porque el tiempo es un regalo que se va y
no espera.

“No perderé un momento en lamentar las desgracias del ayer, las
derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer. Haré de este día el
mejor de mi vida. Los deberes de hoy los cumpliré hoy. Hoy me
sacrificaré y me consagraré al trabajo. Hoy tengo la oportunidad de
convertirme en el hombre que yo sé que puedo ser” (Og Mandino). Que
seas hoy decidido y entusiasta. P. Natalio.

lunes, 2 de enero de 2012


Un saludo grande


Buenos días, amigo/a.

Jesús comenzó a predicar a la gente diciendo: “El tiempo se ha
cumplido. El reino de Dios ha llegado. Conviértanse y crean en la
buena noticia”. Estas palabras siguen resonando aún hoy y convocan a
los creyentes a volver al Señor, abandonar los caminos equivocados y
confesar con humildad sus pecados en el sacramento de la
reconciliación.

Una devota del P. Pío estuvo tres semanas en San Giovanni Rotondo para
confesarse con él. No lo logró y ya se volvía a Suiza muy triste,
cuando recordó que el P. Pío siempre bendecía desde su ventana. Se
animó pensando recibir su bendición y, mientras iba corriendo, se
decía: “quiero un saludo muy grande”. Al llegar, la gente se estaba
yendo, pues el Padre había dado ya su bendición. La señora no se
desanimó y se arrodilló, diciendo para sí: “no importa, yo quiero un
saludo muy grande”. Pasaron unos minutos, se abrió la ventana del P.
Pío y éste, luego de dar su bendición, agitó una sábana a modo de
saludo. La devota del padre comenzó a llorar emocionada. Era el saludo
“muy grande” que le había pedido.

El sacramento de la reconciliación o confesión es una excelente
respuesta al llamado a la conversión que te hace la Palabra de Dios.
Te animo a acercarte a este sacramento, que purifica el corazón,
tranquiliza la conciencia, te da consuelo espiritual, ayuda a
conocerte más a ti mismo, y es fuente de gracia para superar las
tentaciones. P. Natalio.

domingo, 1 de enero de 2012


Oración de Año Nuevo


Buenos días, amigo/a.

Te invito a iniciar estos flamantes 366 días de 2012, dejándote
maravillar por el don fundamental de la vida que te regala Dios. Sabes
que su bondad y su misericordia te acompañan a lo largo de la vida.
Sabes que, aunque cruces por oscuras quebradas, no debes temer, porque
Dios camina a tu lado y nunca te desampara. Puedes hablarle así:

¿Qué me traerá el año que comienzo? Lo que tú quieras, Señor. Pero te
pido fe, para verte en todo. Esperanza, para no desfallecer. Caridad
perfecta en lo que haga, piense y quiera. Dame paciencia y humildad,
olvido de mi mismo. Dame, Señor, lo que tú sabes me conviene y yo no
sé pedir. Que pueda amarte cada vez más, y hacerte amar de los demás.
Que sea yo grande en lo pequeño. Que siempre tenga el corazón alerta,
el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto.
Derrama, Señor, tu gracia sobre los que quiero. Mi amor abarque el
mundo y, aunque yo soy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad
inmensa. Amén.

Hermano/a: entra en este 2012, con un corazón agradecido, y dile al
Señor, sencillamente, “Gracias, Padre mío, gracias”. El agradecimiento
atrae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse
correspondido. Que pases un buen día. Hasta mañana. P. Natalio.