domingo, 7 de agosto de 2011

Juan Pablo II y las vocaciones


Buenos días, amigo/a.

«Vale la pena dedicarse a la causa de Cristo, que quiere corazones
valientes y decididos. Vale la pena dedicarse a ayudar al hombre en el
camino hacia la eternidad. Vale la pena hacer la opción por un ideal
que proporciona grandes alegrías, aunque exija no pocos sacrificios».
Juan Pablo II, (México, 30-1-1979). Del mismo Papa es esta oración:

Señor Jesús, te pedimos por los muchachos y chicas que invitas a
seguirte de cerca; haz que sean capaces de desapegarse de las cosas de
este mundo y abran su corazón a la voz que los llama.; que sientan el
coraje de dedicarse por toda la vida, con un corazón no dividido, a ti
y a la Iglesia; que crean que la gracia les dará la fuerza para tal
donación y vean la belleza y la grandeza de la vida sacerdotal,
religiosa y misionera. Haz, Señor, que los jóvenes sepan acoger con
coherente aplicación las exigencias del llamado para el sacerdocio y
para las otras formas de vida consagrada; bendícelos con la
misericordia infinita de tu corazón. Amén.

La vocación es una llamada que Dios hace a quien él quiere, y que
exige una gran renuncia de sí mismo para poder amar a todos. Es un
servicio, es un testimonio, es amor. Es en definitiva, una llamada a
vivir plenamente la gracia bautismal. Es vivir un riesgo absurdo a los
ojos de los hombres, pero maravilloso a la luz de la fe. P. Natalio.

sábado, 6 de agosto de 2011

El silencio es salud


Buenos días, amigo/a.

“Dado el desarrollo actual de la humanidad, el silencio hoy debería
ser parte del derecho normal a una calidad de vida decente. Como la
escuela, el hospital o el techo propio. Y sin embargo, en la
Argentina, el silencio se considera como opresión, tristeza o
aburrimiento. Según este concepto, el ruido sería diversión,
entretenimiento, alegría.

Un argentino se instaló en Dortmund, Alemania. Después de un día de
caminatas, quiso darse una ducha. Eran las diez de la noche. Apenas
abrió la canilla, sonó el timbre. Atendió envuelto en su toallón. Era
un alemán. —Soy el vecino, señor. No puede bañarse a esta hora. La
ducha hace ruido. Todos tenemos que dormir, para levantarnos mañana a
las cinco. —Y si no le hago caso, ¿va a llamar a la policía? —Por
favor, no quiero llamarla. La policía vendrá y habrá una multa.
Dúchese mañana. El argentino cerró la puerta, cerró también la ducha y
abrió la oreja. Apreció entonces que, en aquel barrio de clase media
reinaba un apacible silencio. Todos convivían en paz y salud.

Sabemos que el ruido altera la digestión, perturba el sistema
nervioso, atrofia la audición y genera todo tipo de enfermedades. E!
ruido de los recitales de rock resquebraja los edificios en las
proximidades de los estadios de River o Ferro. ¿Qué no hará con
nuestro pobre aparato neuropsíquico?”, (R. Hanglin). Que sepas
convivir en paz y salud. P. Natalio.

viernes, 5 de agosto de 2011

Fácil y difícil


Buenos días, amigo/a.

Si lo consideras bien, tu vida está llena de desafíos. Con frecuencia
las circunstancias te provocan a dar pasos adelante, a no quedarte
sino a subir y progresar. Con esta visión descubrirás que, incluso las
peores tormentas de la vida, te invitan a cambiar y mejorar. Lee lo
que sigue y decídete a afrontar aún lo que se te presenta difícil.

Fácil es decir que amamos. Difícil es demostrarlo todos los días.
Fácil es llorar por el amor perdido. Difícil es cuidarlo para no
perderlo. Fácil es herir a quien nos ama. Difícil es curar esa herida.
Fácil es criticar a los demás. Difícil es mejorar uno mismo. Fácil es
pensar en mejorar. Difícil es poner en acción lo pensado. Fácil es
cometer errores. Difícil es aprender de ellos. Fácil es orar todas las
noches. Difícil es encontrar a Dios cada día en las cosas pequeñas.

Aprender de los errores, encontrar a Dios en las cosas pequeñas,
luchar por un sueño, son otros tantos desafíos a superar la
mediocridad y el estancamiento. Que no dramatices las dificultades,
porque normalmente son fantasmas de la imaginación que racionaliza
nuestras cobardías para no salir de la fácil rutina. ¡Ánimo, sé
valiente y confía en el Señor! P. Natalio.

jueves, 4 de agosto de 2011


La zorra y el cuervo


Buenos días, amigo/a.

Te invito a reflexionar hoy sobre la vanidad humana. “La cola del pavo
real honra al que la creó; pero, el pavo no tiene nada que ver en
ello”, (J. Leclercq). “El vanidoso es como un gallo que se imaginara
que el sol sale para oírlo cantar”. “Vasito de barro: ¿por qué te
quieres poner tan alto? ¿No ves que si te caes, te quiebras? ¿No sabes
que el aroma de tus flores se percibe mejor si estás abajo?”, (V.
Gar-Mar).

Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se retiró a un
árbol. Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de aquella carne empezó
a alabar al cuervo, elogiando su gran belleza, pero que lo afectaba el
hecho de que no tuviera voz. El cuervo, para demostrarle a la zorra
que no le faltaba la voz, soltó la carne para lanzar con orgullo
fuertes gritos. La zorra, sin perder tiempo, rápidamente recogió la
carne y le dijo: --Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras
entendimiento, nada más te faltaría para ser el rey de las aves.

Todos corremos el peligro de obrar para recibir la aprobación de los
demás. Es como decirse a sí mismo: “Verán lo que yo soy capaz de
hacer”. Jesús nos precave de toda ostentación. Una vez dijo: “Al dar
limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, así tu
limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te
premiará”. P. Natalio

miércoles, 3 de agosto de 2011

Eres maravilloso


Buenos días, amigo/a.

En la Biblia encontramos pensamientos inspirados por Dios, capaces de
levantar el ánimo por más decaído que estés. En Isaías (43) el Señor
te dice: “Tú eres de gran precio ante mis ojos, porque eres valioso y
yo te amo. No tengas miedo, yo estoy contigo”. Por más baja que esté
tu autoestima, esta declaración de Dios es poderosa y eficaz para
ponerte de pie.

Aférrate a tus sueños, y no los abandones jamás. Muéstrale al mundo lo
que yo bien sé: ¡Lo maravilloso que eres! Confía en las posibilidades
de la vida, y no te apresures a juzgar a los demás. Confía en la
estrella que brilla en tu cielo. Encara tus problemas uno por uno para
vencerlos. Mira lo bueno en la vida y no sucumbas en las adversidades.
Muéstrate tal como eres, pues tienes cualidades especiales que te han
sostenido hasta ahora, y que siempre te sostendrán. No pierdas el
valor. Llena tu corazón de felicidad y ¡espárcela en todo lo que
hagas! Confía en la fuerza interior que Dios te ha dado. Confíale todo
al Señor

Los demás te necesitan tal como el Señor ha querido que fueras. No
conviene que te pongas una máscara o representes una comedia. Puedes
decirte a ti mismo: “voy a llevarles algo especial, pues nunca se
encontraron ni se encontrarán con alguien como yo; soy una persona
única salida de las manos de Dios”. Dios te valora, hazlo tú también.
P. Natalio.

martes, 2 de agosto de 2011

El pequeño clavo


Buenos días, amigo/a.

Si la nota dijese: “Una nota no hace melodía...”, no habría sinfonía.
Si la palabra dijese: “Una palabra no puede hacer una página...”, no
habría libro. Si la piedra dijese: “Una piedra no puede levantar una
pared...”, no habría casa. Si el hombre dijese: “Un gesto de amor no
puede salvar a la humanidad...”, nunca habría paz, ni dignidad, ni
felicidad en la tierra.

De todas partes acudía gente para admirar una nueva iglesia. Era
bellísima. En las maderas del tejado, había un pequeño clavo que oía
cómo alababan la encantadora estructura del templo. Pero nadie veía ni
pensaba en el clavo. Y éste se sintió irritado y lleno de envidia. ¡Si
soy tan insignificante, nadie me echará de menos! Entonces el clavo
dejó de presionar la madera y se deslizó hasta el suelo. Aquella noche
llovió mucho. Donde faltaba el clavo, el tejado cedió y se separó de
las tejas. El agua corrió por las paredes y arruinó los murales. El
yeso se cayó, la alfombra se manchó y el Misal quedó estropeado. Todo
esto porque un pequeño clavo desistió de su trabajo. Ahora en el barro
yace oxidado e inútil.

Tu vida, como la de todos, transcurre entre sencillas tareas. Puedes
caer en el grave error de juzgarlas sin importancia y hacerlas sin
implicarte con entusiasmo poniendo lo mejor de ti mismo. No olvides
que “no hay virtud más eminente que la de hacer sencillamente lo que
tenemos que hacer”. Que descubras y vivas la felicidad y paz del deber
cumplido. P. Natalio.

lunes, 1 de agosto de 2011


Por la propia vocación


Buenos días, amigo/a.

«La vida del cristiano reclama ser vivida como “vocación”, como
respuesta a un llamado. A todos Jesús dice: ¡Sígueme! El cristiano es
un llamado a seguir a Cristo, a compartir su estilo de vida y su
misión en favor de los hombres. Cada uno, en el “jardín donde Dios lo
plantó”: casado, soltero o célibe». Aquí tienes una oración para
conocer la propia vocación:

Señor, dígnate mostrarme el camino que debo elegir y seguir para
servir a mis hermanos y glorificarte. Haz mi corazón en todo momento
disponible a tu llamado, y mi voluntad siempre pronta a dar lugar a tu
voluntad. Si me quieres totalmente dedicado a tu servicio, en la vida
sacerdotal, religiosa o misionera, haz Señor que yo sea en verdad otro
Cristo en medio de los demás. Quiero responder con generosidad a tu
llamado; cualquiera que él fuere, quiero hacer tu voluntad. Ayúdame,
Señor, a conservar el ideal de mi juventud. María, Madre de Jesús y
Madre mía, enséñame a descubrir la voluntad de Dios y dame fuerzas
para seguirla. Amén.

«También hoy, en medio de una cultura que no favorece la
responsabilidad y el compromiso, Jesús sigue llamando: ¡Sígueme! Y hay
jóvenes —y no tan jóvenes— que, con generosidad, dejan la carrera, los
sueños juveniles y a veces, incluso, las novias o los novios…y siguen
a Cristo para ponerse a su servicio a “tiempo y corazón” completos».
P. Natalio.