sábado, 7 de mayo de 2011

¿Cómo hacer oración?


Buenos días, amigo/a.

La oración humilde y confiada es el poder que Dios pone en tus manos
para que, como un niño muy sencillo, le pidas todo lo que necesitas.
Pero no debes suplicarle con desesperanza, ni con una oración agitada,
como si quisieras exigirle el cumplimiento de tus deseos. A Dios hay
que dejarle ser Dios y actuar con plena libertad. Él te ama, y sabe lo
que más te conviene.

Comienza por saber escuchar. El Cielo emite noche y día. No ores para
que Dios realice tus planes, sino para que tú interpretes los planes
de Dios. Pero no olvides que la fuerza de tu debilidad es la oración.
Cristo dijo: «Pedid y recibiréis». El pedir tiene su técnica. Hazlo
con atención, humildad, confianza, insistencia y unido a Cristo. ¿No
sabes qué decirle a Dios? Háblale de tus intereses. Muchas veces. Y a
solas. ¿Y las distracciones involuntarias? Descuida. Dios, y el sol,
broncean con solo ponerse delante. No hables nunca de «ratos de
oración»; ten «vida de oración».

Para disponerte a escuchar, puedes presentar al Señor alguna pregunta
que centre tu atención e impida cualquier divagación. Por ejemplo,
puedes decirle: Señor, ¿qué quieres de mí en esta situación? O bien,
¿qué deseas insinuarme con esta página del Evangelio? Si al orar
buscas con decisión la voluntad de Dios, tu vida cristiana crecerá
solidamente. P. Natalio.

viernes, 6 de mayo de 2011

Los buenos hábitos


Buenos días, amigo/a.

Los años juveniles son para adquirir buenos hábitos. La única
diferencia entre el adulto fracasado y el triunfador está en la
diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo
éxito. Por lo tanto capitaliza las auténticas riquezas que, como todo
lo esencial, “son invisibles a los ojos”; y persevera, aunque no veas
resultados inmediatos.

1. - Dios mío, haz de mí un hombre paciente... pero ¡ya!
2. - Papá, papá... ¿cual es la definición de engreído?
- Qué bueno que preguntaste, porque soy la mejor persona para responderte.
3. - Mamá, mamá, en la escuela me dicen interesado.
- ¿Y por qué te dicen así?
- Si me das $5 te lo digo.
4. - Juan, ¿es cierto que eres muy susceptible?
- No. ¡Y déjame en paz, que me vas a volver loco!

Tú tarea es formarte, no sólo cuando joven, sino siempre. La formación
personal consiste en asimilar valores, habilidades, virtudes… que te
permitan afrontar victoriosamente la vida en todos sus aspectos. Tu
capital de buenos hábitos será la gran riqueza que nada ni nadie te
podrá quitar. Emprende animosamente este camino de superación y
madurez. P. Natalio.

jueves, 5 de mayo de 2011

Construir un mundo mejor


Buenos días, amigo/a.

Para tener una buena convivencia con los demás, trata de ser
comprensivo, poniéndote en su lugar. Al dialogar con ellos destaca
siempre lo que los une. Acepta al vecino, a los del equipo de trabajo
tales como son y trata de expresar con sinceridad lo bueno que hacen.
Cuando existe comprensión es más fácil ser amable y vivir con plenitud
la tolerancia mutua.

Se puede y se debe construir un mundo mejor. Y nosotros tenemos que
ser los artífices de esta ingente misión. Lo importante es tener fe,
no perder la esperanza y la voluntad de trabajar, sumando los
esfuerzos de todos. No obstante su disgregación y división, la
humanidad busca la paz, la armonía, la serenidad. Dios es la Paz
Corazones vacíos y necesitados buscan migajas de comprensión, amor y
protección. Dios es Amor. Descarriados en los laberintos de las cosas
diarias, suplican claridad y orientación. Dios es la Luz. Navegando
sobre las vicisitudes de la historia, la voz de Cristo nos convoca y
anima. “¿Porqué buscan fórmulas de solución lejos de mi? Yo soy el
Camino la Verdad y la Vida”.

“Si tú puedes alegrarte del gozo de tu vecino; si tú sabes aceptar que
el otro te ayude; si para ti el extranjero es un hermano; si tú
compartes tu pan y sabes dar con él un pedazo de tu corazón; si tú
puedes dar gratuitamente un poco de tu tiempo, por amor, entonces...
¡vendrá la paz!”. Anímate a ser artífice de paz para construir un
mundo mejor. P. Natalio.

miércoles, 4 de mayo de 2011

¡Bendito sea Dios!




Buenos días, amigo/a.


“Te conocí aún antes de que fueras concebido. Jeremías 1,4-5. Yo te
escogí cuando proyecté la creación. Efesios 1, 11-12. Tú no fuiste un
error, porque todos tus días están escritos en mi libro. Salmos
139,15-16 Tú has sido creado de forma maravillosa. Salmos 139, 14.
Cada dádiva que tú recibes viene de mis manos. Santiago 1, 17”.


Todas las mañanas una mujer salía a la puerta de su casa y gritaba:
—¡Bendito sea Dios! Y el ateo que tenía como vecino respondía: —¡Dios
no existe! Un día la mujer suplica: —Señor, ¡tengo hambre! Por favor,
dame comida. A la mañana siguiente encuentra una enorme caja, llena de
alimentos, junto a su puerta. —¡Bendito sea Dios!, exclama. —¡Le he
dicho diez mil veces que Dios no existe! – grita el vecino que aparece
detrás de un arbusto –. Yo compré todos esos productos. —¡Bendito sea
Dios! –dice la mujer–. No sólo me regaló comida, sino que hizo que el
mismo Satanás la pagara.


“Yo no estoy enojado y distante, soy la manifestación perfecta del
amor. 1 Juan 3, 1. Porque yo soy tu proveedor quien mira por tus
necesidades. Mateo 6, 31-33. Porque yo te amo con amor eterno.
Jeremías 31, 3. Yo también soy el Padre que te consuela y reconforta
en todos tus problemas. 2 Corintios 1,3-4”. Que la Palabra fortalezca
tu confianza en el Señor. P. Natalio.

martes, 3 de mayo de 2011

Callar


Buenos días, amigo/a.

“De vez en cuando y por un lapso de toda una mañana o de una tarde
entera, sumérgete en baños de soledad y silencio. Es una disciplina
excelente que fortalecerá tu espíritu y te ayudará a encontrarte con
tu ser más profundo y verdadero. No le temas a la soledad. Aprende a
amarla.

Callar de sí mismo, es humildad.
Callar los defectos ajenos, es caridad.
Callar las palabras inútiles, es penitencia.
Callar a tiempo, es prudencia.
Callar en el dolor, es heroísmo.
Si practicas estas máximas,
serás feliz y harás felices a los demás.

Tampoco le temas al silencio. El silencio vitalizará tu mente y tu
sistema nervioso, y dotará de solidez y fuerza expresiva a tus
palabras. No es que la relación social sea mala, ni indeseable la
comunicación hablada, pero a veces nos enredamos demasiado en la
palabrería del mundo. Regálate tiempos de soledad y silencio”. P.
Natalio.

lunes, 2 de mayo de 2011

El campesino y el clima


Buenos días, amigo/a.

La tormenta es un buen símbolo para nuestras crisis, angustias y
fracasos. En fin para todo lo que se presenta como algo doloroso e
indeseable en tu vida. Pero son inevitables. Lo bueno es encontrar en
todas ellas el lado positivo, porque muy expresivamente escribió Luis
Veuillot “hay bendiciones de Dios que entran en casa rompiendo los
cristales”.

Un campesino pidió a Dios le permitiera ordenar el clima para que
—según él— le rindiera mejor su cosecha. ¡Dios se lo concedió!
Entonces, si el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; si pedía
sol, éste brillaba; si necesitaba más agua, llovía más; etc. Sin
embargo, al llegar la cosecha, se sorprendió mucho porque resultó un
fracaso. Desconcertado preguntó a Dios por qué salió así la cosa, si
él había puesto los climas más adecuados. Pero Dios le contestó: "tú
pediste lo que quisiste, pero no lo que de verdad convenía. Nunca
pediste tormentas, y éstas son muy necesarias para limpiar la siembra,
ahuyentar aves y animales que la consumen y purificarla de plagas que
la destruyen".

“Dios permite esas visitas de las tormentas porque sabe que por medio
de ella tú y yo podemos crecer de gloria en gloria. Si logramos
resistir y confiar cuando vengan, saldremos transformados por el poder
de Dios y podremos darle gracias por permitir la visita de la maestra
tormenta”. (S. Escudero). Que seas experto en superar las borrascas.
P. Natalio.

domingo, 1 de mayo de 2011

Pocas palabras, pero de corazón


Buenos días, amigo/a.

La oración es la llave que abre los tesoros del cielo. Es el puente
siempre accesible por el que llegamos a Dios. El arte de orar es el
arte de amar al Señor. Pero orar bien es un regalo de Dios. Como los
apóstoles implorémoslo con frecuencia. Pidamos al Padre, por Jesús,
que derrame sobre nosotros un Espíritu de oración y de alabanza, (Zac.
12, 10).

Al leer el Evangelio, aprendemos que no hacen falta muchas palabras
para orar, sino que bastan pocas, pero que salgan del corazón. El
leproso dijo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, (Lucas 5, 12). El
ciego de Jericó dijo: “Señor, haz que pueda ver”, (Lucas 18, 41). Los
apóstoles a punto de zozobrar gritaron: “Sálvanos, Señor, que
perecemos”, (Mateo 8, 25). El publicano en el templó oraba: “Ten
piedad de mí, Señor, que soy un pecador”, (Lucas 18, 13). Pedro dijo a
Jesús: “Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te amo”, (Juan 21, 17).
La samaritana pidió a Jesús: “Señor, dame de esa agua, para que no
tenga más sed”, (Juan 4, 15). Haz esto y vivirás…

Para robustecer tu fe en el Señor que te ama y te acompaña, nada mejor
que leer con atención la Biblia. Al inicio del capítulo 43 de Isaías
encontramos esta perla deslumbrante: “Tú eres de gran precio ante mis
ojos, porque eres valioso, y yo te amo. No temas, porque yo estoy
siempre contigo”. Agradece al Padre que siente inmensa ternura por ti.
P. Natalio.