jueves, 14 de abril de 2011

El abad generoso


Buenos días, amigo/a.

La generosidad es una virtud que te pone en sintonía con Dios que es
todo amor y donación de sí mismo. Cada día puedes empezar a ser
generoso en gestos pequeños. Con la práctica se te irá abriendo el
corazón, descubrirás la alegría de dar y comprobarás, maravillado, que
recibes mucho más de lo que das.

En un monasterio había un abad generoso. Jamás negaba hospitalidad a
un mendigo, y daba en abundancia. Pero sucedía que cuanto más daba,
más prosperaba el monasterio. Al morir, fue reemplazado por un abad
mezquino. Un día, llegó un anciano que pidió alojarse. Recordaba que
una vez le habían dado hospedaje. El abad se lo negó, pues ya no
podían darse ese lujo. —Nuestra abadía no puede albergar a nadie, como
cuando éramos prósperos. Ya nadie hace ofrendas. —No me sorprende
–dijo el anciano– creo que se debe a que echaron a dos hermanos del
monasterio. —Jamás hemos hecho eso –dijo serio el abad, —Sí, lo
hicieron –replicó el anciano– eran gemelos: uno se llamaba “Dad” y el
otro “Se os dará”. Como echaron a “Dad, “Se os dará” resolvió irse
también.

El egoísmo atrofia al hombre, que sólo en la donación generosa a los
demás.encuentra su madurez y plenitud. Si te preocupas demasiado por
ti mismo y tu propio entorno, si vives para acumular dinero y
comodidades, no te quedará tiempo para los demás. Si no vives para los
demás, la vida carecerá de sentido para ti, porque la vida sin amor no
vale nada. P. Natalio.

miércoles, 13 de abril de 2011

El caracol viejo


Buenos días, amigo/a.

En tu vida se van dando posibilidades de cambiar para bien. Conviene
que te detengas, evalúes con serenidad las ventajas, y tomes
decisiones sabias y prudentes, porque ésa es la forma normal de
progresar. No caigas en el error de desechar todo cambio por
principio; ni tampoco en el otro extremo, de creer que toda novedad es
mejor. Una fábula para ilustrar el tema.

Un caracol viejo arrastrábase con dificultad. Estirando los cuernos
para buscar su camino, hacía con el pescuezo grandes esfuerzos para
llegar hasta una hoja de parra donde pensaba almorzar. Más que todo,
parecía causarle gran dolencia una abolladura, cicatrizada pero ancha
y profunda, que tenía en la cáscara. Unos caracolitos que lo estaban
mirando, le dijeron:
—Pero, padre caracol, ¿por qué no cambia usted su cáscara por una
nueva? Le debe hacer sufrir mucho esa abolladura que tiene. —Hijitos
–les contestó–, esta abolladura es dolorosa, pero cambiar la cáscara
sería peor, y creo que me resultaría fatal. (G. Daireaux).

El buen marino de un barco de velas, está siempre atento y obra con
habilidad cuando percibe que se levanta una brisa, aunque muy suave.
Tú también permanece alerta y cuando surja en tu interior un impulso a
cambiar para bien, despliega al punto tus velas y obra decididamente.
Como decía san Agustín: “La gracia pasa y no vuelve”. P. Natalio.

martes, 12 de abril de 2011

Valora lo que tienes


Buenos días, amigo/a.

Ser optimista es cultivar una visión serena de la vida que nos lleve a
descubrir todo lo que hay de bueno, alegre y gratificante en medio de
espinas y deficiencias. Desarrolla el sentido de la proporción y
valora todo lo que tienes, porque existe la tentación de
especializarse en detectar carencias y defectos, y todo lo sombrío y
difícil de nuestro diario caminar.

A pesar de que eran ricos, Napoleón y Washington nunca contaron con
una aspirina para el dolor de cabeza. Simón Bolívar y San Martín jamás
pudieron tomar un taxi cuando necesitaban llegar pronto a algún lugar.
Ni Cervantes, ni Dante, ni Shakespeare tuvieron una máquina de
escribir. Los vikingos viajaron sin brújulas y Colón no pudo llevar
alimentos enlatados ni una heladera. Julio César y Carlo Magno jamás
comieron una pizza y tampoco disfrutaron del cine o la televisión.
Beethoven no pudo usar audífonos ni oír su música en un equipo de
sonido. Mozart no pudo grabar sus composiciones. Hipócrates y Galeno
no tuvieron vacunas ni miles de avances médicos… ¡Y nosotros vivimos
quejándonos!

Busca siempre la faz luminosa y positiva de los obstáculos y reveses
de la vida. Piensa que puedes desarrollar la escondida sabiduría de
convertir un menos en más, un fracaso en victoria y una cruz en
resurrección y vida. Que pases un día muy apacible. Hasta mañana. P.

lunes, 11 de abril de 2011

¿Fracaso?


Buenos días, amigo/a.

Triunfar es aprender a fracasar. El éxito en la vida viene de saber
afrontar las inevitables faltas de éxito del vivir de cada día. Cada
frustración, cada descalabro, cada contrariedad, cada desilusión,
lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades humanas
desconocidas, sobre las que los espíritus pacientes y decididos han
sabido ir edificando lo mejor de sus vidas.

Fracaso... no significa que somos unos fracasados. Significa que
todavía no hemos tenido éxito. Fracaso… no significa que no hemos
logrado nada. Significa que hemos aprendido algo. Fracaso… no
significa falta de capacidad. Significa que debemos hacer las cosas de
distinta manera. Fracaso… no significa que somos inferiores. Significa
que no somos perfectos. Fracaso... no significa que debemos echarnos
para atrás. Significa que tenemos que luchar con mayor tenacidad.
Fracaso... no significa que Dios nos ha abandonado. ¡Significa que
Dios tiene un plan mejor!

Las dificultades de la vida juegan, en cierta manera, a nuestro favor.
El fracaso hace lucir ante uno mismo la propia limitación pero, al
mismo tiempo, nos brinda la oportunidad de dar lo mejor de nosotros
mismos. Es así como, en medio de un entorno en el que no todo nos
viene dado, te vas forjando el carácter y vas adquiriendo fuerza y
autenticidad. Se trata de persistir. P. Natalio.

domingo, 10 de abril de 2011

Amar es una decisión


Buenos días, amigo/a.

La incomprensión entre las personas es una realidad cotidiana. Entre
los mismos miembros de la familia, en las asociaciones apostólicas y
grupos humanos sucede lo que la Reina de la Paz señaló en un mensaje:
“Hijitos, oren y no permitan que Satanás actúe en sus vidas con
malentendidos, incomprensiones y faltas de aceptación entre unos y
otros”.

Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no
quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, y
solamente le dijo una palabra: “ámela”. —Pero..., es que ya no siento
nada por ella. —Ámela, –insistió el sabio. Y ante el desconcierto
del señor, agregó: “Amar es una decisión, no un sentimiento; amar es
dedicación y entrega. El amor es como un ejercicio de jardinería:
prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté
preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por
eso abandone el jardín. Ame a su pareja, es decir, acéptela, valórela,
dele afecto y ternura, admírela y compréndala. Eso es todo, Ámela”.
Gonzalo Gallo.

“El amor todo lo puede. No hay dificultad por muy grande que sea, que
el amor no la supere. No hay puerta por muy cerrada que esté, que el
amor no la abra. No hay muro por muy alto que sea, que el amor no lo
derrumbe. No hay distancias por extremas que sean, que el amor no las
acorte. No hay situación por desesperada que sea, que: el amor no la
resuelva”. P. Natalio.

sábado, 9 de abril de 2011

Me quejé…




Buenos días, amigo/a.


Aquello que pensamos y decimos afecta la calidad de nuestra vida y la
capacidad de progresar. Si nuestro discurso interior está lleno de
quejas, pues, somos eso: seres pesimistas y descontentos, trabados en
todo. Por el contrario, si pensamos agradecidos por lo que tenemos,
somos personas dinámicas, entusiastas y decididas a enfrentar los
desafíos de cada día.


Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, mas no
agradecí por tener una familia. Me quejé cuando no había lo que más me
gustaba para comer, pero olvidé agradecer por tener qué comer. Me
quejé por mi sueldo, cuando miles ni siquiera tienen uno. Me quejé por
no poder dormir diez minutos más, olvidando a quienes darían todo por
tener su cuerpo sano y poder levantarse. Me quejé por tener que
trabajar al día siguiente, olvidando que muchos no tienen trabajo que
les permita llevar sustento a su familia. Me quejé porque mi madre me
reprendía, cuando millones desearían tenerla viva, para poder honrarla
y abrazarla.


Amigo/a: olvida los días nublados, pero no olvides tus horas de sol ni
tus noches estrelladas. Olvida los momentos en que fuiste derrotado,
pero no olvides las batallas que has ganado. Olvida los errores que no
puedes cambiar, pero no olvides las lecciones que has aprendido ni las
verdades atesoradas en tu experiencia. Mantén una mirada optimista de
la vida. P. Natalio.

viernes, 8 de abril de 2011

Las tres hijas del rey


Buenos días, amigo/a.

“La justicia con amor te hace justo, sin amor te hace duro. La bondad
con amor te hace amable, sin amor te hace hipócrita. La inteligencia
con amor sirve a la justicia, sin amor te hace cruel. La agudeza con
amor te hace capaz de adquirir la verdad, sin amor te hace agresivo.
La autoridad con amor te hace guía y protector, sin amor te hace
déspota.

Un rey tenía tres hijas, y a cada una le pidió una explicación del
valor de su amor por él. La mayor dijo que lo quería tanto como el
pan; la segunda, tanto como el vino, y la tercera, tanto como la
sal... El rey se enojó con su hija menor por haber elegido la sal, y
la desterró de su presencia. La hija permaneció desheredada, hasta que
un día el cocinero del palacio le dio un valioso consejo... Preparó a
su padre una de sus comidas favoritas, pero sin sal, totalmente
insípida. Cuando el monarca probó aquel manjar, nada apetecible porque
carecía de sal, comprendió que no podía vivir sin la sal, y recibió
con gusto a su hija, al entender la profundidad de su amor.

La amistad con amor te hace generoso, sin amor te hace interesado. La
alegría con amor te ayuda a ver a Dios en todo, sin amor te hace un
bufón. Tus éxitos con amor te hacen crecer, sin amor te hacen
orgulloso. La vida con amor, lo es todo, tiene sentido; sin amor, no
vale nada” En verdad, el amor es como la sal: da sabor y gusto a la
vida. P. Natalio.