martes, 16 de noviembre de 2010

En un ómnibus


Buenos días, amigo/a

La regla de oro de las grandes religiones es el amor al prójimo. En el
libro de Tobías el anciano ciego, sintiéndose cercano a la muerte, dio
preciosos consejos a su hijo. Entre ellos se destaca: “No hagas a
nadie lo que no te agrada a ti”. Norma fundamental y obvia, pero
tantas veces transgredida por egoísmo o inconsciencia. “Al final de la
vida se nos juzgará por el amor”.

Érase una vez un borracho que subió a un ómnibus en el que viajaba
mucha gente, y parándose en el pasillo empezó a gritar: —Los de la
derecha son unos tarados, los de la izquierda son unos idiotas, los de
atrás son unos imbéciles y los de enfrente son unos estúpidos. Cuando
escuchó eso el conductor, frenó sorpresivamente, y toda la gente cayó
al piso, incluyendo al borracho, y muy enojado el chofer tomó al
borracho por el cuello y le preguntó: —¡Ahora sí, dime, ¿Quiénes son
unos tarados, unos idiotas, unos imbéciles y unos estúpidos? Y el
borracho contestó: —Ya ni sé, ¡están todos revueltos!

La buena convivencia comienza por el respeto. Respetas a una persona
cuando la tienes por lo que es: un ser humano con toda su dignidad.
Una forma distinguida de respeto es el trato cortés y urbano. Las
reglas fundamentales de la cortesía son bien simples: alabar lo bueno
de los otros, suprimir los reproches, dar importancia a los demás y
prestarles atención. P. Natalio.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El trabajo de cada día


Buenos días, amigo/a.

Los caminantes saben que cada tanto es razonable detenerse para
descansar. También hay en los trabajos cotidianos pausas para recobrar
fuerzas. De la misma manera el hijo de Dios se toma un breve tiempo a
media jornada para comunicarse con la fuente inagotable de fortaleza,
paz y alegría. Aquí te ofrezco un himno adecuado para ese “alto gozoso
del camino”.

El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría de amor, que para dar tú nos has dado.

Paciente y larga es nuestra tarea en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea dale tu luz, tu fuerza que aligera.

En el alto gozoso del camino, demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino; todo lo puede en él quien nada puede. Amén

Por otra parte, al “dulce huésped del alma” puedes dirigirle, en medio
del mismo trabajo breves, expresiones de amor, de confianza, de
súplicas que te mantendrán comunicado con quien siempre está contigo.
Por ejemplo: “Señor, confío en ti”, “Dios mío, ven en mi auxilio”,
“Gracias, Señor, por tu amor”, “Alabado seas, mi Señor”, etc. Que
progreses en este camino. P. Natalio.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Las dos alforjas


Buenos días, amigo/a

Jesús dijo “No juzguen y no serán juzgados”, y también “Felices los
misericordiosos porque obtendrán misericordia”. El que critica es
porque antes ha juzgado al prójimo. No juzgues porque no conoces la
situación real de cada uno. Eso sólo lo sabe Dios. Júzgate en cambio a
ti mismo: es lo más acertado, es el tiempo mejor empleado.

Cuenta una fábula que Zeus colocó dos alforjas a cada ser humano: una
delante, sobre el pecho y otra atrás a la espalda. Los hombres,
imprudentemente, todos han puesto en la alforja que está a la vista
los defectos de las personas que van conociendo, mientras que los
defectos propios en la alforja que tienen en la espalda. Por eso
conocen tan bien y tienen siempre presente los defectos ajenos, pero
conocen poco y se olvidan de los defectos propios.

El conocimiento de uno mismo es llave de sabiduría, porque desde tu
realidad personal puedes crecer y superarte. Epitecto, filósofo
griego, escribió que “La cosa más difícil es conocernos a nosotros
mismos, la cosa más fácil, hablar mal de los demás”. Conocerte es
encontrarte con tus límites y fragilidades, y también con tus logros y
fortalezas. Ten un tiempo para evaluarte. P. Natalio.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Días llenos de gratitud

Buenos días, amigo/a
La oración de acción de gracias te ayudará a vivir la relación con
Dios de una forma concreta y existencial, descubriendo con gozo los
dones que te regala a cada paso. Es una oración que ensancha el
corazón y descansa la mente; favorece la alegría y la esperanza.
Acostúmbrate a practicarla. Como Maestra de oración, la Reina de la
Paz, te da unas orientaciones precisas.

“¡Queridos hijos! Hoy también los invito a que su oración sea una
oración con el corazón. Que cada uno de ustedes encuentre el tiempo
para hacer oración, de tal manera que en su oración, ustedes descubran
a Dios. Yo no deseo que ustedes hablen de oración, sino que hagan
oración. Que cada uno de sus días esté lleno de una oración de
gratitud a Dios por la vida y por todo lo que ustedes tienen. Yo no
deseo que sus vidas transcurran en palabras, sino que glorifiquen a
Dios con obras. Yo estoy con ustedes y estoy agradecida con Dios por
cada momento que he pasado con ustedes. ¡Gracias por haber respondido
a mi llamado! ”

La clave está en la oración que alcanza poco a poco la meta señalada
por san Pablo: “Vivan dando gracias a Dios”, también, “En cualquier
circunstancia recurran a la oración y a la súplica”, y además,
“Perseveren en la oración, velando siempre en ella con acción de
gracias”. Santa Teresa hablando de la oración dice, “Se trata de amar
mucho”. P. Natalio.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Poder del buen ejemplo


Buenos días, amigo/a

Un refrán dice “las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran”. El
poder del testimonio es enorme y decisivo. Las palabras están
devaluadas. Nunca el mensaje de Jesús tuvo tanta fuerza como cuando
pregonó el amor desde la cruz. Para construir a tu alrededor una
civilización del amor aporta cada día gestos de servicio, de humildad
y generosidad.

En una ciudad alemana bombardeada en la última Guerra Mundial,
encontraron, entre las ruinas, un Cristo a quien le faltaban las manos
y las piernas. Aquellos habitantes decidieron conservar así, sin manos
y sin pies, a aquel Cristo, como recuerdo de la barbarie de la guerra,
y de que somos nosotros los llamados a ser las manos y los pies de
Cristo. Una excelente manera de describir nuestra misión de testigos:
ser las manos y los pies de Cristo para llevar su mensaje de justicia,
de fraternidad, de esperanza, de amor a cuantos nos rodean.

Tanto los buenos como los malos ejemplos moldean el ambiente en que
vivimos. Ojalá que triunfen los que favorecen lo bueno, digno, noble.
Porque si prevalece el egoísmo salvaje, llegaremos a una pérdida tal
de los valores humanos que la vida será muy triste, que faltará lo más
hermoso: el respeto, la comprensión, el amor. Amigo/a, aporta hoy tu
granito de arena. P. Natalio.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Acepta en paz los contratiempos

Buenos días, amigo/a.
Cuántas pequeñas contrariedades pasan cada día que pueden
desestabilizarte, ponerte de mal humor, amenazando oscurecer toda tu
jornada. Hoy te ofrezco una oración muy buena del P. Víctor Fernández
para disponerte a sobrellevar con paciencia estos incidentes y no
dejarte envolver en su negatividad.

Señor, acepto que hoy no sea un día perfecto, ya he aprendido que esta
tierra todavía no es el cielo. Sólo te pido que mi vida no sea inútil,
que lo que yo viva hoy sirva para algo. No pretendo que todo sea
fascinante en este día, y quiero regalarte con amor todo pequeño
cansancio, sufrimiento, contratiempo o dificultad que deba soportar.
Te ofrezco, Señor amado, todo lo que me pueda desagradar en esta
jornada, te lo entrego con amor, así como tú te entregaste entero,
hasta el fin, en la cruz. Dame mucha paciencia, Señor mío, para poder
responder al mal con el bien, para no entrar en una espiral de
violencia, para aceptar con calma todo lo que me perturbe en mi
relación con los demás. Te lo entrego todo a ti. Recíbelo, Señor.

Una persona te falla a una cita sin avisar, una comunicación que no
puedes hacer porque nadie atiende el teléfono, la comida es
insuficiente y no de tu gusto, etc. son situaciones que requieren
ecuanimidad, calma y buen humor para permanecer imperturbable. Puedes
fortalecer tu decisión repitiendo: “Señor, ayúdame a mantenerme hoy
sereno y tranquilo”. P. Natalio.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¡Vuela más alto!


Buenos días, amigo/a

El P. Alfonso Milagro, autor de libros muy vendidos, narra esta
constatación: “Encontré a un hombre de buenas cualidades que casi las
maldecía. Le pregunté por qué y me respondió: Porque hacen sombra, y
eso no me lo perdonan”. Eso es la envidia, un sentimiento de aguda
incomodidad al ver a otro que tiene lo que deseamos. Una anécdota que
viene al caso.

Enseguida después de la 2a Guerra Mundial, un joven piloto inglés
probaba un frágil avión monomotor en una peligrosa aventura alrededor
del mundo. Poco después de despegar de uno de esos pequeños e
improvisados aeródromos de la India, oyó un ruido extraño que venía de
atrás de su asiento y se dio cuenta que había una rata a bordo y que
si roía la cobertura de lona, podía destruir su frágil avión. Podía
volver al aeropuerto para librarse de su incómodo y peligroso
pasajero. De repente recordó que las ratas no resisten las grandes
alturas. Volando cada vez más alto, poco a poco cesaron los ruidos que
ponían en peligro su viaje. Si amenazan destruirte por envidia,
calumnia o maledicencia, vuela más alto…

Protégete de la envidia orando así: “Señor, a los que quieren dañarme
o desprestigiarme, muéstrales la fealdad de la envidia, y toca sus
corazones para que me miren con buenos ojos. Sánalos de todo mal
sentimiento, cura sus heridas más profundas, y bendícelos en
abundancia, para que sean felices, y ya no necesiten dañarme”. ¡Vuela
más alto! P. Natalio.